20100622

Irreflexiones [17] Quiero ser Un Moderno (II)

Para ser U.M. es necesario tener un perro. Uno de esos sin nariz, o de los que van agonizando por la calle sostenidos sobre cuatro tacos de madera, que son sus patas o algo así. Como dicen que los perros se parecen a sus amos ahora vivo con Ajo, una Yorky que me tiene enamorado. Y por si quedaba alguna duda, he decidido dejarme el pelo largo.

Imagino que a estas alturas falta poco para que nos inventen canciones en el barrio, si no lo han hecho ya. Lástima no poder escucharlas. Las canciones que se hacen para U.M. suelen ser inteligentes y chispeantes, porque las hacen Otros Modernos, que utilizan unos códigos muy especiales y muy hidrogenesse, y quedan como Muy Ligeras.

Mi perra y yo salimos a pasear siempre que podemos, y está conmigo cuando estoy en la oficina. Y se porta bien. Me pregunto si será apropiado de U.M. cruzarla con otro perro, porque tal y como se les queda mirando, me temo que va a ser irremediable.

Tuve otros perros. Incluso tuve otro Yorky –Calvin-. Le llamé Calvin por Calvin y Hobbes, aunque todos pensaban que era por Calvin Klein. Pero entonces no era Tan Moderno como ahora. Era más rollo entrañable.

Estoy deseando que llegue el invierno para comprarle ropita a Ajo. Vestidos con faldas tableadas que he visto en la tienda del barrio. Aunque mi perra no va a ser una perra mimada. Tiene que estar preparada para cualquier demanda del entorno. Por eso no le doy comida humana, ni le permito que duerma en la cama conmigo.

Por supuesto, he puesto su foto en mi perfil de Facebook. Qué menos.

En fin, todo es poco –como véis- para convertirme en U.M. Pero en U.M. de verdad. Creo que el siguiente paso será hacerme un huerto urbano, que creo que está bastante De Moda también. Especialmente entre Los Modernos de mi edad –una vez pasada la primera juventud- os tendré informados de Mis Avances.

20100522

Irreflexiones [16] Quiero ser Un Moderno (I)

En estos tiempos, si no tienes una galería de arte no eres nadie. O una agencia de comunicación. O algo así. Si no tienes nada en de ese estilo no eres Un Moderno (U.M.). Por eso me decidí a montar la mía. Porque quiero ser alguien, vaya si quiero! Montar una galería no es cosa fácil. Sobre todo cuando no tienes ni dinero ni idea de arte. Ni de dirigir una empresa, ni de diseño y ni has colgado un cuadro en tu vida. Pero ahí me lancé, echando mano de amigos y de enemigos a hacer lo que había que hacer para ser U.M.

.../...

Ahora tengo mi agencia de comunicación y mi galería. Ahora estoy en el buen camino. De hecho lo tengo todo. Sólo que la gente no debe haberse enterado. Por eso lo pongo en mi blog. Para que se entere todo el mundo. He puesto el nombre de la empresa en la puerta y he hecho una página web. Para que todo el mundo sepa que soy U.M. Supongo que es cuestión de tiempo. Pero dentro poco, Otros Modernos se harán amigos de mí por facebook y entonces todo empezará a cambiar.

Estoy pensando que quizá no visto exactamente como U.M. Debería revisar mi fondo de armario y comprarme ropa nueva en Sitios Modernos. Así completaré mi nueva vida. También tendría que ir a los sitios donde van Otros Modernos. Pero en cuanto sean mis amigos de facebook, entonces ya me invitarán a todos los eventos –Modernos, claro-.

Estoy deseando que todo eso ocurra. Ya me veo, rodeado de Modernos como U.M. más. Entonces cambiaré el aspecto de mi blog y seré modernamente feliz. Prometo teneros informados de Mis Progresos.

20091112

Cicatrices

Empieza a dejar de dolerme tanto. A dejar de operar en mi cabeza y en mi estómago. Como si prácticamente no pasara nada, y se convierte en tan sólo un susurro leve que me cosquillea de vez en cuando. Me duele poco ahora, y lo que permanece es la sensación de no haber comprendido. Aunque dé lo mismo. Queda la injusticia y el hecho de haberme sentido abandonado en ese momento puntual. Pero dentro de la parte de proceso madurativo que tiene hacerse viejos, sabes que algunas personas te acompañarán en el camino durante un tiempo y después dejarán de estar presentes. Desaparecerán de una u otra manera. En estos tiempos de cambio, en los que además he dejado de ver a mis antiguos compañeros de trabajo y he ganado otros, dejo de mirarme también en algunas miradas que hasta ahora habían venido siendo imprescindibles, como en un ejercicio de desprendimiento continuo.

No es la primera vez que ocurre. Quizá sea cíclico. Injusto y cíclico. Y doloroso. Como las catástrofes naturales. Como todo aquello que no tiene explicación. Otras personas pasarán a ocupar sus puestos, o simplemente quedarán vacíos, como una especie de cicatriz vital. Y en algún momento, toleraré tenerla. Verla en el espejo cada día. Formará parte de mí y me acostumbraré a contar con ella como testigo de aquel episodio que la provocó, como la prueba de que alguien, alguna vez, llenó ese hueco. Y que, aunque sigue siendo una parte de mí, ha pasado a ser algo distinto.

20091108

Tiempo de cambios

Cómo ser, en un solo instante, mucho más consciente del invierno, más allá del frío o de la lluvia, de la gente que se arrima a las fachadas caminando o de los niños que salen del colegio. Cómo echar de menos el camino a casa desde el parque cuando con siete años pensabas que ser mayor era poder pasar en cada tienda después de pararte en el escaparate para comprar aquello que habías deseado durante minutos interminables. Cómo dejar aparcado en un desván aquello que hasta hacía poco había sido imprescindible y de pronto debe pasar a formar parte de otra cosa. De un no saber bien qué. Quizá nada. Tiempo de cambio a mi alrededor. Tiempo de soltar, de dejar. De ser dejado. También tiempo de dudas que se me escapan entre los sueños sin dejarme ser. Sin dejarme estar tranquilo. Momentos de hacerme nuevamente un ovillo, cuando es invierno, más que nunca y me destemplo porque las puertas se me han quedado abiertas de par en par en un descuido. Ahora toca abrigarse con lo que haya. No perder el ritmo y convertirse en algo distinto con lo que vaya quedando, que no es poco por otro lado. Disfrutar con el cambio y como siempre, mirar el paisaje a mi alrededor. Respirar hondo. Respirar como si me fuera la vida en ello...



20091009

Y va a ser que no...

Aquí debería escribir unos párrafos tristes, descarnados y llenos de angustaia sobre lo hijos de puta que fueron mis jefes este día y cómo sucedió todo y tal y tal, pero me temo que se van a quedar con las ganas...


















De nada. Fin.

20090914

Por si acaso, me quedo esperando...

Saber que te vas, que te has ido, que no estás presente,
como un tiempo fugaz que rodea mi nuca y me mece,
y me extiende unas manos de sal, de amargura, de leche
que bebo y envenena mi luz para siempre.
Para siempre o quizás hasta pronto, que volveré a verte,
Porque en este camino aprendido te encuentro por suerte,
y por suerte me quedo prendido a tu estela, que me deja inerte.

Saber que te vas, te estás yendo y no puedo entender que tu mente
me ignore y repudie, me esconda. Y me angustia una idea:
tenerte en mis brazos y no saber nunca saber retenerte.

Te has ido y me quedo con ganas de amarte, de asirte, de serte;
ganas de contarte, decirte, tenerte
en mi cama, despacio, sin miedo a la muerte,
que llegue tranquila pidiéndome cuentas por tanto quererte.

Sin fondo. En silencio. Valiendo que vale valerte.
Como aquellos juegos de niños, irónicamente
jugando a la tula del tiempo, sin miedo a temerte-
Llorando, infantil desconsuelo, que añoro nostálgicamente
en recuerdos que quieren de ti, pero no saben cómo saber entenderte.

Te escribo estas líneas de mierda por bajar la fiebre
que envuelve mi cuerpo y mi alma, mi boca, mi mente
desierta y oscura de ti, de piel de serpiente
de la que te mudas con dudas de lo que se siente
cuando desde abril, o más tarde, te siento presente.

20090802

Lo Bello y Lo Feo [4]

A veces no sé cómo manejarlo. Me asomo al mundo por una ventana que da a un patio muy feo. Gris, triste. Sin dientes. A veces necesito un respiro. Como cuando siento que no puedo ir al Tendido a desayunar, y tengo que ir al Plata. Como un refugio.

Cuando me sorprendo a mí mismo en éstas, me siento culpable y ruin. Hago mi trabajo porque es lo que quiero hacer. “Me voy a quitar este pendiente del Ché y me voy a poner una esvástica que también me gusta mucho”. Y sonrío distraído mientras tengo a mi lado un cubo a rebosar de jeringuillas usadas, a pesar de que podría entrar yo mismo dentro.
Martillos hidráulicos fuera y el inodoro atascado. Tatuajes a golpe de aguja e hilo. El olor a mierda del humano que ha comido mierda. Carreras de chutas en la yugular de arriba abajo, que se esconden más allá de la camiseta rota y sucia y que le recuerdan a todos quién es cada personaje de esta trama y quién seguirá siendo hasta que amanezca muerto.
A veces lo feo se despereza con escándalo y me pega un manotazo que me desestabiliza. Sin hacerme perder el equilibrio del todo, pensando que no va a acabar nunca. Temiendo no poder con ello y abandonar en algún punto del camino antes de la meta. Porque en realidad no hace falta que yo esté. Todo seguirá su rumbo aunque yo me marche. Por eso tengo la tentación de dejarlo ahí: porque sé que no pasará nada…

Lo feo no me impresiona casi. Después de muchos años trabajando así he generado una especie de autovacuna. Si me quiero ir, o si necesito otro paisaje a mi alrededor no es porque me sienta impresionado. Es sólo que necesito ver algo más apacible, como necesitamos el calor cuando tenemos frío o viceversa.

Casi siempre, en medio de todo, hay alguien que me mira con unos ojos distintos. Y que me acoge en esas minúsculas pupilas sin esfuerzo, como invitándome a entrar en su mundo y como pidiéndome que sea yo quien le pinche en la yugular. Me dejo hacer. Seguro de caer en la trampa cada vez. Pero sin evitarlo, entro y preparo la chuta en su nombre, y la clavo, empuñándola con destreza. Con una sola mano, mientras reservo la otra para secar el hilillo de sangre que brota manchando la camiseta una vez más que se empapa silenciosamente mientras esas minúsculas pupilas desaparecen en lo alto poco a poco dando paso al letargo de la muerte pasajera y conocida.

Y ahí me quedo solo nuevamente. Sin saber qué hacer. Y es cuando necesito mirar a otro lado, a un paisaje más amable y con otro color distinto al de la sangre o al negro de las almas. Sin saber cómo manejarlo.

20090707

Ibiza... por no parar

Mis tareas me han traído a Ibiza, donde hace tantos años decidí dejarme el corazón, enamorado hasta las trancas de mi compañero de instituto Alberto, en aquel fin de curso adolescente y torpe. No había pensado en él desde hace mucho tiempo, pero buscando una excusa para introducir el post lo he recordado. He repasado la inseguridad que me provocaba mi cuerpo -casi como ahora- y lo vulnerable de mi ánimo cuando él estaba cerca.

Cierto que he vuelto a Ibiza un buen número de veces, pero aquélla eclipsa todas las demás. He venido con David, casi siempre a ver a Daniel, pero el espíritu de Alberto, y su rubia cabellera que lo justificaba todo, convierte el resto de mis viajes en un vago recuerdo sin sustancia.
Qué bueno era quedar exhausto entonces, y sin aliento, cuando el otro nos miraba o no nos miraba -daba lo mismo-. Qué bueno, andar sin aliento todo el día y todas las noches.

A Alberto le entregué mi corazón miles de millones de veces, aunque él no lo quiso nunca. Debió quedar en Cala Conta o en Cala Tarida tirado entre la arena. Alberto era burro. Y cabezota. Aunque ahora que lo pienso, quizá no se lo dejé suficientemente claro, con ese hilillo de voz insegura y débil que salía de mi garganta en aquellos años. Creo que nunca se lo ofrecí en voz alta, de hecho. Casi todas las veces debí decirlo con los ojos, o rozándole un codo en el pupitre. Debí haberlo gritado un poco más alto. O por escrito. Con un dibujo. Como los de mi amigo Aitor. Aitor Saraiba. Que es superlisto y muy expresivo dibujando sentimientos que tienen las personas dentro.

Ahora, una vez aprobado el instituto, el amor se asoma muy débilmente a mi cuarto. Y lo hace de una manera más práctica y más en otro rollo. Es amor que va de otro palo. Distinto e irreconocible la mayor parte de las veces. Por eso me gustan los dibujos de Aitor, porque contienen el amor que poco a poco se me ha ido escapando entre los viajes y los compañeros de pupitre.

Ayer llegué a Ibiza por motivos de trabajo, y existe la posibilidad de tener que pasar aquí mucho tiempo, como ha pasado con Sevilla en los últimos ocho meses. Cierto es que, con o sin Alberto, hago estas cosas por no parar.

20090706

La mari me encanta puntocom

Me encanta. Lamari me encanta. Alguien que con la magia binaria del 0-1 consigue mejorar el mundo poco a poco. La descubrí hace poco en la maravillosa experiencia SanarMadrid. Lamari tiene un sitio web mágico. Puedes escribirle cualquier cosa y ella te atiende y lo que es mejor: te encanta. Pero te encanta de verdad. Y su encanto resuelve tu problema. O te acompaña con él.

Hace algún tiempo pataleé por la muerte de Mario Benedetti y decidí confiarle esta tragedia vital para mí a Lamari y ella me propuso una solución fantástica. Me propuso que construyera mi vivero para escritores, en el que mantener vivos a aquellos que, aliviándome con sus letras en otro tiempo, estaban ausentes ahora.
Y me encantó.
Me dijo que tenía un vivero para mí que pienso cuidar en cuanto nos encontremos. Coincidió además que en mi viaje a Praga me regalaron una bolsita de semillas de baobad. Lamari me dió la solución a mi problema mientras estaba en este viaje. Así que, nada más llegar a casa, vertí las semillas en una maceta (la más mágica que encontré) y estoy esperando a ver qué pasa. Prometo enseñaros las fotos de los pequeños baobads en cuanto salgan, como ya he hecho otras veces.

20090619

No quiero que se muera Mario Benedetti [gracias, Nacho, niño]

No. No quiero que se muera Benedetti.
Y que me deje huérfano en el camión.
Que se destierre y me olvide en el olvido rojo de un poema
Que construye como un pañuelo que transforma en despedida.
No.
No quiero que se muera, que me deje con mi vida,
mi trabajo.
Por eso quiero que mienta,
con sus putas de sol
y sus amaneceres, pero vivo.
Despertar tras noches de perder la vista, tras figuras imposibles y desnudas y encontrarle a nuestro lado.
No quiero que se muera, haz lo posible
porque la noche siga siendo nuestra.
Y nos complazca.
Y nos aturda a los tres, como un conjunto de estrellas. Como aquel conjunto de estrellas que abandonan su galaxia.
Que resuenen los ecos de un inmenso caudal que le incorpora desde su lecho -de dormir, que no está muerto- hacia delante.
No.
Por eso si puedo llorar como un niño para impedir que se muera
comenzaré ahora. Sin parar y sin tregua. Y revolveré mi cuerpo sobre el suelo
pidiendo que aún siga vivo entre nosotros y nosotras y nos alumbre.
Qué complicado es ser adulto y no poder borrar la parte de vida que nos duele.
No poder ignorarla e inventar otra más amable.
Qué desgarrado despertar cada día y pensar que como tú, otros van a marcharse.
Sin remedio y sin sentido y sin consuelo.
Testaruda realidad que me envejece.

20090531

Mis ángeles de la guarda

Cuatro esquinitas tenía mi cama cuando era pequeño. También tenía cuatro angelitos que me la guardaban. Ahora tengo más ángeles. Bastantes más. Ellos no saben que lo son, pero están para cuidarme. Lo hacen. Sin querer a veces. Me toman en sus brazos sin darse cuenta y me quieren y me transportan a mundos más seguros. Donde creo que todo está bien. Donde me siento bien. Y me ayudan.

Me asomo a mi propio blog con vergüenza y con anhelo. Intentando que, de nuevo, como otras veces me lleve lejos o me ayude a dormir. Me tenga en cuenta y me quiera un poco. Ahora que el tiempo, poco a poco, va poniendo a cada uno en sus lugares. Qué sencillo es. Simplemente, los días pasan y cada cosa busca su acomodo.

Mis ángeles de la guarda son, en realidad ángeles como de sport. Casuales. Que llegan y se instalan angelicalmente en mi vida y me sirven de momento. Así que es una suerte contar con ellos. Saber que están allí y que van a salvarte con un toque de teléfono o un comentario en facebook. Qué suerte de pronto, mirarte a los ojos y descubrir que alguien te ha puesto definitivamente optimista para el resto del día. También tienen rachas. Es mucho más fácil ser uno de mis ángeles de la guarda en un día soleado como hoy que en los días tristes y feos que nos han precedido. Por eso, ahora en primavera, surgen más ángeles de la guarda en mi entorno, que vienen a visitarme y a protegerme, a cuidar cada una de las cuatro esquinitas que tiene mi cama.

Mis ángeles de la guarda me ayudan a diferenciar entre el bien y el mal. Como no tienen mucho consenso entre ellos, a veces me confunden, pero a fin de cuentas, yo también tengo muchas caras y muchas facetas y vivo muchas mañanas diferentes (y muchas noches), de manera que así, puedo también elegir el ángel de la guarda dependiendo de la esquina de la cama en la que esté en cada momento.

Es verdad que también voy eligiendo a mis ángeles dependiendo del área vital en que me encuentro: tengo unos para los consejos laborales, otros que supervisan mi vida afectiva, algunos se encargan de protegerme de las amenazas de desconocidos y otros me dan indicaciones sobre las relaciones familiares. También los tengo para los planes de vacaciones y las decisiones domésticas.

No siempre les hago caso, todo hay que decirlo, aunque son las menos. Con el paso del tiempo, he llegado a comprender que son como una especie de moral diferida, y que si no hago lo que proponen o sugieren –nunca ordenan- me suelo encontrar mejor conmigo mismo.

Por eso los valoro tanto. Por eso no puedo vivir sin ellos. Por eso les quiero tanto y les doy mi corazón. Por esos son mis ángeles de la guarda. Por eso les dejo que cuiden las esquinitas que mi cama –aún de mayor, sigue teniendo.

20090228

Todo irá bien. Todo va a ir bien

Cuando más dudas tengo sobre si soy bueno o malo preparo mentalmente mi viaje a Buenos Aires. Necesito tiempo para estar conmigo. Para reencontrarme en la esquina de una calle empedrada. En un gigantesco parque ante el que no sea nada.
En general, necesito saber que todo irá bien, Nacho, ahora más que nunca. Necesito más que nunca poder recostarme en el regazo de mamá y que ella me asegure que nada ocurrirá. Por eso me marcho y por eso a BAires. Estoy cansado y perdido, a pesar de que debería estar contento. Necesito ubicarme con nuevas referencias. Por eso me marcho. Última noche en Sevilla "de seguido" y ni siquiera he decidido salir de casa. No tengo nada que celebrar. Imagino que cubriré mis objetivos y me tranquilizaré, dejaré de tener miedo. Tanto miedo en algunas ocasiones, que me obliga a quedarme dentro de mí mismo. Que me impide ver lo que tengo a mi alrededor. Que me aleja de todo lo que ha sido parte de mí durante mucho tiempo.
No hay remedio, y si lo mejor no es marcharme, es tarde para volver atrás. Voy a marcharme y veremos luego qué es lo que pasa.
Tengo tantas carencias que no puedo resolverlas aquí, en un mar de agua turbia y enrarecida. Entendiendomuy pocas cosas, aunque sé que en gran medida soy yo mismo quien no sabe formular las preguntas, y por eso no llegan las respuestas.
Pero no hay regazo, nadie va a dejarme tan tranquilo como antes. Debo ser yo mismo quien camine despacio ahora y tome las nuevas referencias.
Estaremos en contacto.

20090216

Buenas noches y buena suerte

Hola a todos.
Reinicio este blog como un ejercicio de vuelta a la normalidad, cuando aún me encuentro lejos de ese estado. Hoy, en un día que tenemos que asistir a una circular que indica que se debe comprar carne al peso entre los inmigrantes. El mismo día en que se declara día de luto por varios kilos de patera muertos para siempre y que hacen que yo me quiera morir un poco también.
Después de haberme dejado algunas cosas por el camino desde el 21 de noviembre, fecha de mi último post escrito. De haberme dejado en la cama de un hotel en Oviedo un trocito de mi vida. De haber hecho más kilómetros en AVE que días he vivido, después que haber dormido poco y de haber echado de menos muchas cosas, muchas personas.
Después de que el desalojo por impago puede confundirse por un estado de guerra en una instantánea. El mismo que un niño pide al presidente del mundo que haga que lluevan caramelos. El mismo que Nacho me invita a la presentación de su último disco.
Como la vida va a seguir, es preferible que siga contando con todas las terapias que me sirven y esta es una de ellas. Todo irá bien. Todo va a ir bien.
El mismo día en que unos padres de 13 años se hacen ricos ofreciendo exclusivas a los periodistas.
Como un New Year Resolution, vuelvo a casa, con la promesa de quedarme aquí, entre mis renglones queridos. Los que me dan buena suerte.