Mostrando entradas con la etiqueta desgracias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desgracias. Mostrar todas las entradas

20091112

Cicatrices

Empieza a dejar de dolerme tanto. A dejar de operar en mi cabeza y en mi estómago. Como si prácticamente no pasara nada, y se convierte en tan sólo un susurro leve que me cosquillea de vez en cuando. Me duele poco ahora, y lo que permanece es la sensación de no haber comprendido. Aunque dé lo mismo. Queda la injusticia y el hecho de haberme sentido abandonado en ese momento puntual. Pero dentro de la parte de proceso madurativo que tiene hacerse viejos, sabes que algunas personas te acompañarán en el camino durante un tiempo y después dejarán de estar presentes. Desaparecerán de una u otra manera. En estos tiempos de cambio, en los que además he dejado de ver a mis antiguos compañeros de trabajo y he ganado otros, dejo de mirarme también en algunas miradas que hasta ahora habían venido siendo imprescindibles, como en un ejercicio de desprendimiento continuo.

No es la primera vez que ocurre. Quizá sea cíclico. Injusto y cíclico. Y doloroso. Como las catástrofes naturales. Como todo aquello que no tiene explicación. Otras personas pasarán a ocupar sus puestos, o simplemente quedarán vacíos, como una especie de cicatriz vital. Y en algún momento, toleraré tenerla. Verla en el espejo cada día. Formará parte de mí y me acostumbraré a contar con ella como testigo de aquel episodio que la provocó, como la prueba de que alguien, alguna vez, llenó ese hueco. Y que, aunque sigue siendo una parte de mí, ha pasado a ser algo distinto.

20091108

Tiempo de cambios

Cómo ser, en un solo instante, mucho más consciente del invierno, más allá del frío o de la lluvia, de la gente que se arrima a las fachadas caminando o de los niños que salen del colegio. Cómo echar de menos el camino a casa desde el parque cuando con siete años pensabas que ser mayor era poder pasar en cada tienda después de pararte en el escaparate para comprar aquello que habías deseado durante minutos interminables. Cómo dejar aparcado en un desván aquello que hasta hacía poco había sido imprescindible y de pronto debe pasar a formar parte de otra cosa. De un no saber bien qué. Quizá nada. Tiempo de cambio a mi alrededor. Tiempo de soltar, de dejar. De ser dejado. También tiempo de dudas que se me escapan entre los sueños sin dejarme ser. Sin dejarme estar tranquilo. Momentos de hacerme nuevamente un ovillo, cuando es invierno, más que nunca y me destemplo porque las puertas se me han quedado abiertas de par en par en un descuido. Ahora toca abrigarse con lo que haya. No perder el ritmo y convertirse en algo distinto con lo que vaya quedando, que no es poco por otro lado. Disfrutar con el cambio y como siempre, mirar el paisaje a mi alrededor. Respirar hondo. Respirar como si me fuera la vida en ello...



20091009

Y va a ser que no...

Aquí debería escribir unos párrafos tristes, descarnados y llenos de angustaia sobre lo hijos de puta que fueron mis jefes este día y cómo sucedió todo y tal y tal, pero me temo que se van a quedar con las ganas...


















De nada. Fin.

20090914

Por si acaso, me quedo esperando...

Saber que te vas, que te has ido, que no estás presente,
como un tiempo fugaz que rodea mi nuca y me mece,
y me extiende unas manos de sal, de amargura, de leche
que bebo y envenena mi luz para siempre.
Para siempre o quizás hasta pronto, que volveré a verte,
Porque en este camino aprendido te encuentro por suerte,
y por suerte me quedo prendido a tu estela, que me deja inerte.

Saber que te vas, te estás yendo y no puedo entender que tu mente
me ignore y repudie, me esconda. Y me angustia una idea:
tenerte en mis brazos y no saber nunca saber retenerte.

Te has ido y me quedo con ganas de amarte, de asirte, de serte;
ganas de contarte, decirte, tenerte
en mi cama, despacio, sin miedo a la muerte,
que llegue tranquila pidiéndome cuentas por tanto quererte.

Sin fondo. En silencio. Valiendo que vale valerte.
Como aquellos juegos de niños, irónicamente
jugando a la tula del tiempo, sin miedo a temerte-
Llorando, infantil desconsuelo, que añoro nostálgicamente
en recuerdos que quieren de ti, pero no saben cómo saber entenderte.

Te escribo estas líneas de mierda por bajar la fiebre
que envuelve mi cuerpo y mi alma, mi boca, mi mente
desierta y oscura de ti, de piel de serpiente
de la que te mudas con dudas de lo que se siente
cuando desde abril, o más tarde, te siento presente.

20090802

Lo Bello y Lo Feo [4]

A veces no sé cómo manejarlo. Me asomo al mundo por una ventana que da a un patio muy feo. Gris, triste. Sin dientes. A veces necesito un respiro. Como cuando siento que no puedo ir al Tendido a desayunar, y tengo que ir al Plata. Como un refugio.

Cuando me sorprendo a mí mismo en éstas, me siento culpable y ruin. Hago mi trabajo porque es lo que quiero hacer. “Me voy a quitar este pendiente del Ché y me voy a poner una esvástica que también me gusta mucho”. Y sonrío distraído mientras tengo a mi lado un cubo a rebosar de jeringuillas usadas, a pesar de que podría entrar yo mismo dentro.
Martillos hidráulicos fuera y el inodoro atascado. Tatuajes a golpe de aguja e hilo. El olor a mierda del humano que ha comido mierda. Carreras de chutas en la yugular de arriba abajo, que se esconden más allá de la camiseta rota y sucia y que le recuerdan a todos quién es cada personaje de esta trama y quién seguirá siendo hasta que amanezca muerto.
A veces lo feo se despereza con escándalo y me pega un manotazo que me desestabiliza. Sin hacerme perder el equilibrio del todo, pensando que no va a acabar nunca. Temiendo no poder con ello y abandonar en algún punto del camino antes de la meta. Porque en realidad no hace falta que yo esté. Todo seguirá su rumbo aunque yo me marche. Por eso tengo la tentación de dejarlo ahí: porque sé que no pasará nada…

Lo feo no me impresiona casi. Después de muchos años trabajando así he generado una especie de autovacuna. Si me quiero ir, o si necesito otro paisaje a mi alrededor no es porque me sienta impresionado. Es sólo que necesito ver algo más apacible, como necesitamos el calor cuando tenemos frío o viceversa.

Casi siempre, en medio de todo, hay alguien que me mira con unos ojos distintos. Y que me acoge en esas minúsculas pupilas sin esfuerzo, como invitándome a entrar en su mundo y como pidiéndome que sea yo quien le pinche en la yugular. Me dejo hacer. Seguro de caer en la trampa cada vez. Pero sin evitarlo, entro y preparo la chuta en su nombre, y la clavo, empuñándola con destreza. Con una sola mano, mientras reservo la otra para secar el hilillo de sangre que brota manchando la camiseta una vez más que se empapa silenciosamente mientras esas minúsculas pupilas desaparecen en lo alto poco a poco dando paso al letargo de la muerte pasajera y conocida.

Y ahí me quedo solo nuevamente. Sin saber qué hacer. Y es cuando necesito mirar a otro lado, a un paisaje más amable y con otro color distinto al de la sangre o al negro de las almas. Sin saber cómo manejarlo.

20090707

Ibiza... por no parar

Mis tareas me han traído a Ibiza, donde hace tantos años decidí dejarme el corazón, enamorado hasta las trancas de mi compañero de instituto Alberto, en aquel fin de curso adolescente y torpe. No había pensado en él desde hace mucho tiempo, pero buscando una excusa para introducir el post lo he recordado. He repasado la inseguridad que me provocaba mi cuerpo -casi como ahora- y lo vulnerable de mi ánimo cuando él estaba cerca.

Cierto que he vuelto a Ibiza un buen número de veces, pero aquélla eclipsa todas las demás. He venido con David, casi siempre a ver a Daniel, pero el espíritu de Alberto, y su rubia cabellera que lo justificaba todo, convierte el resto de mis viajes en un vago recuerdo sin sustancia.
Qué bueno era quedar exhausto entonces, y sin aliento, cuando el otro nos miraba o no nos miraba -daba lo mismo-. Qué bueno, andar sin aliento todo el día y todas las noches.

A Alberto le entregué mi corazón miles de millones de veces, aunque él no lo quiso nunca. Debió quedar en Cala Conta o en Cala Tarida tirado entre la arena. Alberto era burro. Y cabezota. Aunque ahora que lo pienso, quizá no se lo dejé suficientemente claro, con ese hilillo de voz insegura y débil que salía de mi garganta en aquellos años. Creo que nunca se lo ofrecí en voz alta, de hecho. Casi todas las veces debí decirlo con los ojos, o rozándole un codo en el pupitre. Debí haberlo gritado un poco más alto. O por escrito. Con un dibujo. Como los de mi amigo Aitor. Aitor Saraiba. Que es superlisto y muy expresivo dibujando sentimientos que tienen las personas dentro.

Ahora, una vez aprobado el instituto, el amor se asoma muy débilmente a mi cuarto. Y lo hace de una manera más práctica y más en otro rollo. Es amor que va de otro palo. Distinto e irreconocible la mayor parte de las veces. Por eso me gustan los dibujos de Aitor, porque contienen el amor que poco a poco se me ha ido escapando entre los viajes y los compañeros de pupitre.

Ayer llegué a Ibiza por motivos de trabajo, y existe la posibilidad de tener que pasar aquí mucho tiempo, como ha pasado con Sevilla en los últimos ocho meses. Cierto es que, con o sin Alberto, hago estas cosas por no parar.

20090228

Todo irá bien. Todo va a ir bien

Cuando más dudas tengo sobre si soy bueno o malo preparo mentalmente mi viaje a Buenos Aires. Necesito tiempo para estar conmigo. Para reencontrarme en la esquina de una calle empedrada. En un gigantesco parque ante el que no sea nada.
En general, necesito saber que todo irá bien, Nacho, ahora más que nunca. Necesito más que nunca poder recostarme en el regazo de mamá y que ella me asegure que nada ocurrirá. Por eso me marcho y por eso a BAires. Estoy cansado y perdido, a pesar de que debería estar contento. Necesito ubicarme con nuevas referencias. Por eso me marcho. Última noche en Sevilla "de seguido" y ni siquiera he decidido salir de casa. No tengo nada que celebrar. Imagino que cubriré mis objetivos y me tranquilizaré, dejaré de tener miedo. Tanto miedo en algunas ocasiones, que me obliga a quedarme dentro de mí mismo. Que me impide ver lo que tengo a mi alrededor. Que me aleja de todo lo que ha sido parte de mí durante mucho tiempo.
No hay remedio, y si lo mejor no es marcharme, es tarde para volver atrás. Voy a marcharme y veremos luego qué es lo que pasa.
Tengo tantas carencias que no puedo resolverlas aquí, en un mar de agua turbia y enrarecida. Entendiendomuy pocas cosas, aunque sé que en gran medida soy yo mismo quien no sabe formular las preguntas, y por eso no llegan las respuestas.
Pero no hay regazo, nadie va a dejarme tan tranquilo como antes. Debo ser yo mismo quien camine despacio ahora y tome las nuevas referencias.
Estaremos en contacto.

20090216

Buenas noches y buena suerte

Hola a todos.
Reinicio este blog como un ejercicio de vuelta a la normalidad, cuando aún me encuentro lejos de ese estado. Hoy, en un día que tenemos que asistir a una circular que indica que se debe comprar carne al peso entre los inmigrantes. El mismo día en que se declara día de luto por varios kilos de patera muertos para siempre y que hacen que yo me quiera morir un poco también.
Después de haberme dejado algunas cosas por el camino desde el 21 de noviembre, fecha de mi último post escrito. De haberme dejado en la cama de un hotel en Oviedo un trocito de mi vida. De haber hecho más kilómetros en AVE que días he vivido, después que haber dormido poco y de haber echado de menos muchas cosas, muchas personas.
Después de que el desalojo por impago puede confundirse por un estado de guerra en una instantánea. El mismo que un niño pide al presidente del mundo que haga que lluevan caramelos. El mismo que Nacho me invita a la presentación de su último disco.
Como la vida va a seguir, es preferible que siga contando con todas las terapias que me sirven y esta es una de ellas. Todo irá bien. Todo va a ir bien.
El mismo día en que unos padres de 13 años se hacen ricos ofreciendo exclusivas a los periodistas.
Como un New Year Resolution, vuelvo a casa, con la promesa de quedarme aquí, entre mis renglones queridos. Los que me dan buena suerte.

20081204

Oviedo... por no parar

Escribo este post retrospectivamente, ahora que puedo, y que debo hacerlo. Fue aquel viaje a Oviedo un regalo para los dos y la posibilidad de volver a jugar con un destino con el que no contaba. Volví a sentirme de alguna forma importante para alguien a ese nivel que reconforta sin hacerte descarrilar. Creo que aquellos días nunca fueron reales y que, de alguna manera los dos lo sabíamos desde el principio. Pero fue divertido intentar lo que intentan todos con buenos resultados, como asomarme a una película y entrometerme en la historia de su protagonista.
Supimos disfrutar mientras hacíamos planes. Quizá ya entonces sabías que ninguno de ellos iban a llegar a realizarse, pero estuvo bien.
Escribo ahora este post, después de tener la seguridad de haberme portado bien contigo y de haberte hecho concesiones muy difíciles para otros. Sin rencor. Sin daño. Con el deseo de encontrarnos algún otro día y sonreírnos. Quizá entonces me cueste menos entenderte, con una implicación menor.
Fue divertida la sesión de fotos y las sidras baratas. Cada uno seguimos rumbo hacia adelante, aunque yo un poco enlentecido. Todavía.
Escrito ahora este post con la esperanza -todavía- de que lo leas y me pongas un mensaje.

20081031

Barcelona... por no parar [4]

Sin saber bien qué decir ni qué decirme... Ahí hemos estado. Con la sensación de falta de tiempo y de manos para expresarnos. Con Pedralbes rendido, que nos regaló un gato aplastado de lluvia. Con la urgencia y el miedo a quedarme solo a cada paso. Con el deseo de demorarlo todo infinitamente por no perderlo. Con sorpresa. Con ese sabor dulce que queda después. Con la sonrisa escondida detrás del cigarrillo. Con toda la admiración de la que soy capaz. Con todo el respeto.

20081023

Justo lo que yo quería...

De pronto, una angustia devastadora me paró en mitad del camino y me invadió de imprevistos. Con qué inconsciencia estaba viviendo ese momento. Con qué irresponsabilidad estaba derrochándolo. Ese momento efímero, que se consumía –que, de hecho, estaba a punto de terminar- a la velocidad con que arde el cabo de una vela seca y vieja, me producía una especie de cosquilleo en alguna parte de mi estómago. Por eso decidí vivirlo con toda su intensidad, y por eso escribí este post aquel día. En un intento de hacer consciente la sensación de no saber. De seguir inventando. Imaginando. De disfrutar de todo aquello que aún desconocía de él.
Sabía –además de las cosas evidentes, que no eran pocas- que su voz sonaba firme y que era nervioso; que por tanto, sus pupilas revolotearían detrás de sus gafas, tocándolo todo. Y lo sabía, simplemente porque había decidido saberlo. Y sabía, además de todo esto, que era de sonrisa fácil, y que, a veces se quedaba callado de pronto, mesando su flequillo. Clavado en un punto fijo. Imaginaba que era divertido e inquieto. Había llegado a decidir saber que bajo su mentón dormía una pequeña cicatriz desde los ocho años.
También quise saber a voluntad que le encantaba pasar horas en la cama los domingos, olvidándose de las otras estancias de la casa, y que sólo bebía cerveza además de agua.
Pero no sabía si tenía vello en las piernas, si fumaba o si toleraba que los demás hablaran de él a sus espaldas. Si removía el café en sentido contrario a las agujas del reloj o si su habitación estaba pintada de su color favorito.
Sabía que, desde hacía unos días, él fantaseaba sobre mí igual que yo sobre él. Que nos estábamos inventando una vida del otro. Y, finalmente, yo sabía que no sabía lo que sabía de forma certera. Seguramente pensaba –como me pasaba a mí- que yo era mejor de lo que era realmente. Los dos lo necesitábamos probablemente y, sobre todo, a los dos nos divertía aquella situación. De eso estábamos seguros. Desde el principio: “este tipo de situaciones conflictivas me parecen muy divertidas”. Queríamos tener un compromiso “Viva Topi” y poder escribirnos un mensaje de felices sueños cada noche.
Pero aún así, aunque la urgencia se instalaba entre nosotros, como un tic parpebral, yo no estaba dispuesto a prescindir del placer de demorar el momento de conocerle. De saber que estaba a punto de temblar frente a alguien a quien no había visto nunca; de quien no sabía que existía.
Imaginaba los últimos instantes antes de romper el hechizo. En el aeropuerto, en la estación de tren o en aquel café que estaba a punto de sugerirle cuando programaba con él el primer encuentro mientras escribía este post.
Deseaba que llegara el momento, pero no el último, sino el inmediatamente anterior. La última décima de segundo antes de verle. No para vivirlo, sino para congelarlo eternamente, y así saber que no tendríamos que conocernos nunca. Que podríamos ser desconocidos en el momento culminante de nuestras vidas. Como tocarnos desde ambos lados de un cristal.
Hacer de esos últimos instantes un bucle sin final, en el que la tensión fuera creciendo hasta el nivel máximo. Justo antes de abrir los ojos después de parpadear y encontrarle al otro lado. Dejar el final en suspenso de manera eterna. To be continued… para siempre.
Hasta entonces podría seguir imaginando que hablaba con un acusado acento catalán que le hacía más dulce, y que torcía el pie izquierdo un poco hacia adentro. Seguía teniendo licencia para retocar a mi antojo el bajo de sus pantalones si quedaba demasiado largo . Por eso, había decidido, antes de volver la última esquina, permanecer allí siglos estelares y edades ciegas, por prolongar la incertidumbre, como un orgasmo lento que no termina de llegar, pero por eso nunca acaba. Eterno. Acariciando con deseo lo que estaba a punto de haber sido lo que pudo ser, y no dejamos que sea para que no pierda su esencia.
Aguantándole el paso para no correr por el andén. Inclinando la cabeza hacia un lado al aparecer tras las puertas de la terminal, anunciando tu presencia en barajas. Dando un bote en el café al verme por uno de los ventanales que daban a la calle por la que yo llegaba.
Y después su sonrisa abierta de par en par para detenerlo todo. Para saber lo que los dos acabábamos de perder sin remedio y para siempre. Nuestras ausencias mutuas. Nuestras ilusiones y todas las mentiras que nos habíamos estado contando para llenar la falta de verdad. Todas las mentiras que aún nos hubieran quedado por decirnos de no haber sido porque con nuestro encuentro habíamos permitido que la realidad existiera.
Por eso decidí no verle nunca. Y enamorarme de él. Y pasarme el resto de la vida a su lado, tras un cristal invisible. Inventé una excusa, absurda que inmediatamente aceptó comprendiendo la verdadera razón. Seguir manejando nuestras respectivas mentiras y dejar que se hicieran verdad. Que se convirtieran en lo que siempre habíamos –había- deseado.
Y comprobé en ese mismo momento que aquel chico, finalmente, era exactamente como lo había imaginado. Justo lo que yo quería.

20080824

No me crees...

Volvía a casa en el coche, y de pronto esta canción, cachorro. Y he pensado en tí. Hace unos días me mandaste un mensaje. Dándome las gracias en nombre de muchos... Escucha la letra, cachorro.


20080719

Escondido en Madrid

Por eso me refugio en Madrid, para no verte. Entre los arbustos de los parques que se suceden esquivando las avenidas. Cerca de la puerta de algún museo o bajo la marquesina de un autobús. Si no llueve, también puedo correr y sentarme en un banco disimulando, como si no pasara nada,. Como si no fuera yo. Perderme con la gente en un mercado o bajo la sombrilla de una terraza. Madrid es mi escondite, aunque me hace estar cerca de tí. Me permite cambiar de cara a cada momento, de nacionalidad, de edad, de sexo o de trabajo. Arropa mis requiebros y escondrijos en sus mil agujeros.

Me confundo con Madrid, que me brinda sus calles, como juncos entre los que caminar sin temor a ser visto en el atardecer. Me libero por los bares sabiendo que no voy a encontrarte tras la cerveza o las máquinas de tabaco. Paseo por Nuevos Ministerios con una coartada segura. Y sé que tampoco estarás cogiendo el autobús en el que voy. Canto a voces cuando quiero, porque mi voz se confundirá entre sirenas y risas de niños que salen del colegio. Corro como un loco por Santa Engracia para arriba y Fuencarral hacia abajo, confundido entre las motos que zigzaguean. Me ilumino con la sonrisa, sabiendo que puedo parecer una farola más, un escaparate o la hoguera de una obra en invierno.

No me asusta estar tan cerca porque sé que mi presencia se mimetiza con todo lo demás. Y miro a los ojos a los otros sin temor a tropezar con los tuyos en la Calle Carretas o en la Plaza Mayor. Por eso me escondo en Madrid. En el Retiro y en la Calle Espíritu Santo o Ave María. Sé que no vamos a encontrarnos en una sala de espera o en un guateque.

El Retiro me ofrece su cobijo en cada puesto de helados si es verano y Argumosa apila sus mesas con manteles de hule cuando la paseo, haciendo una trinchera que te aleje de mí. Por eso me quedo tanto rato como puedo; porque me siento seguro y apartado. De incógnito. Con unas eternas gafas oscuras hechas de nidos de paloma, tras las que me parapeto en las estaciones de metro. Lavapiés. Tribunal. Cuatro Caminos. Madrid es mi compañera y mi destino. Estando aquí me siento arropado en las plazas y en las piscinas.

Si merodeas cerca de donde me encuentro, Madrid se hace anochecer rápidamente buscándome protección y anonimato inmediato, mientras camino tranquilo por Corredera Baja o por el Rastro. Por eso me quedo aquí, tan cerca, pero escondido.

20080520

En el pomo de la puerta

A veces uno se encuentra en momentos en los que piensa, siente –casi palpa- “la racha”. Esa racha que quizá se prolongue algo más de lo deseable. Es extraño, el año pasado por esta época, “la racha” era buena, de modo que no tiene que ver con la estación del año.Casi todos nos hemos arrastrado por el barrio con “la racha”. Así ando últimamente. Sin dramas. Además no es eso lo que quiero contar.Esta noche, al llegar a casa, había una bolsa, con un regalo y una nota.
Inesperados.
Absolutamente cotidiano el primero y próxima la segunda. Con todo el Valor que necesitaba. Con el mensaje más simple: pide lo que necesites. Y llegará.
Jopelines.
Con este lío que yo he tenido siempre de hermano mayor y pequeño, he cogido los trastos y he pasado a casa sin palabras. Sin saber bien qué decir, qué hacer, ni cómo comerme la suerte que tengo –una vez más-.
Allí estaba la necesidad de cambiar, de buscar el resorte que yo aprecio a veces, para hacer que lo malo se convierta en bueno, y que lo triste se agote un día, casi por extinción. Tantos años. Tanto tiempo. Te mando un beso fuerte, y el compromiso de intentarlo fuerte, fuerte. Para seguir pasándonos el testigo, como acostumbramos entre todos. No sé si puedo prometer todavía coger el teléfono siempre, pero al menos, devolver las llamadas en el día. Muchas gracias. Muchos besos y un abrazo azul, como un cielo. Que nos envuelva por un rato largo. Apacible.

20080307

Todos hemos muerto un poco hoy...

Acaban de atentar contra nuestra democracia en la persona de Isaías Carrasco.

Se nos ha entristecido un poco la libertad también. No podemos faltar el domingo a votar.

Nos hemos muerto un poco hace un momento. No sé qué más decir. Sólo sé lo que hacer. Lo que debo de hacer.

20080218

Las Listas...

Para mí siempre es año nuevo. Paso la vida haciendo Listas. Las Listas. En las que me propongo cada día, cada nuevo instante, mejorar, esconder lo que no me gusta –lo que a los demás no les gusta de mí- y entrenar (no en vano soy terapeuta) aquello que me gustaría que saliera de mí mismo con más frecuencia y espontaneidad. Vamos las New Year Resolutions estas que cada uno hacemos.

Sin embargo, en mi caso, la experiencia me enseña que hay una fuerza externa que me arrastra a una amnesia inmediata del contenido de Las Listas. De hecho, hay veces que creo que las elaboro para quedarme tranquilo y poder olvidarlas. Y ahí empieza lo que podríamos llamar mi agonía a través del post-it. Como una especie de un arma suicida amarilla, pequeñita que se pega en cualquier parte.

Desde hace algún tiempo, los míos me devuelven una imagen de mí mismo que no reconozco, y creo que eso es porque me olvido de las Listas y de lo que en ellas me propongo. Es una sensación muy extraña no reconocer lo que los demás dicen de uno. Y más lo es todavía pensar que la razón reside en algo que intento hacer –o no hacer- casi a diario. Hay una parte de pereza en ello, otra de incapacidad, pero creo que la explicación más global del asunto reside en el olvido; en cuanto cuelgo La Lista en el sitio que tengo para abandonarlas, desaparece la conciencia de lo que debo-quiero no-debo-no-quiero hacer y santaspascuas.

Siempre creo que unas vacaciones me ayudarán a ser un poco más fiel a mis propósitos, o cualquier otro momento significativo del año: mi cumpleaños, el primero de enero, al inicio del curso escolar, cuando voy al médico y me dice que no me voy a morir de ésta, cada viernes, cada mañana, a cada paso que doy.

Pero siempre obtengo el mismo resultado: amnesia, dejarme llevar. En definitiva, no hacerme mejor a mí mismo, haciendo lo que La Lista dice.

A estas alturas me fío poco de mí mismo. Voy escarmentando de cómo soy, pero paralelamente a eso, no dejo de proponerme mejorar y ser de otra manera en determinados aspectos, así que me invade una sensación de que es otra persona la que está viviendo esta vida que me ha tocado, no sé si me explico. La sensación es un poco absurda, pero no por ello menos realista.

El caso es que hacer La Lista me apacigua el alma un punto. Mientras la hago, aunque luego, justo al terminarla, tengo una ristra de cosas que me he propuesto hacer y no hago; y entonces se convierte en una idea clara y fidedigna de lo que no quiero ser, pero no puedo dejar de ser. Y vuelta el círculo. Las Listas se convierten entonces en mi peor enemigo. Vivo en un mar de post-its que me devoran la voluntad poco a poco.

Francamente, no sé qué hacer. Tan terapeuta y tan resuelto, y no soy capaz de hacerme con este problema. Necesitaba escribir sobre esto, porque en la lista que hice el viernes pasado figuraba “actualizar el blog con más frecuencia”, y estaba a punto de olvidarlo. Puff. Me canso a mí mismo.

20080201

Vete de aquí...

Acabas de dejar un comentario en el post anterior, justo cuando estaba pensando en tí, niña. Acabao de escuchar esta canción, que está hecha para tí. Bájatela. Es de mis amigos, los Fangoria y de Miranda. Se llama Vete de aquí. Es una canción de triunfo. De vida. Haceme caso. Te va a hacer bailar en el salón. Seguro. Es lo que estoy haciendo yo ahora. Con el miedo y con todo lo demás. Sin tetris y sin muchas otras cosas. Un beso de viernes por la tarde, compi.

Vete de aquí

Vete de aquí que ya no aguanto el dolor
de ver tu cara con media sonrisa, qué odio me da tu expresión.
Vete de aquí fuiste tan bestia al hablar.
Qué poco tacto has tenido sabiendo que no te he dejado de amar.
¡Vete de aquí!
Si te vas yo creo que sería mejor.
Que la despedida sea rápida y definitiva.
Ya viví ensayos de separación.
Esta vez estoy dispuesta a todo para acabar con vos.
Vete de aquí, creo que me hago entender,
qué cara tienes venir a decirme lo que ahora yo tengo que hacer;
lo que yo haré me lo sugieras o no,
es obligarme del todo a olvidarte, limpiarme en mi cuerpo tu olor:
vete de aquí.
Si te vas yo creo que sería mejor
que la despedida sea rápida y definitiva.
Ya viví ensayos de separación.
Esta vez estoy dispuesta a todo para acabar con vos...




Ni ETA ni maricones

Y hacen muy bien, si señor. Las cosas como Dios Manda. Porque ETA mata a las personas, y los maricones acabarán por hacerlo. El SIDA no es sino un avance, el resultado de su propia degeneración progresiva. Todo Hombre de Bien lo sabe. Y no vale la pena que laven su imagen con salidas masivas del armario ni con matrimonios abominables que apoyen los gobiernos modernos. Deberían estar en cárceles. O muertos. Como los asesinos y los terroristas. Por desviados. Por pederastas. Por delincuentes.

¿Cómo mantenerse indiferente ante actitudes como ésta? ¿Cómo pensar en democracia cuando, viviendo bajo uno de los gobiernos más tolerantes, te desayunas una buena mañana con una recomendación como ésta, gratis y porque-sí? Y lo que es más importante: ¿cómo pedirle que racionalice y aguante las lágrimas a aquel niño que día tras día era vapuleado por sus compañeros, ridiculizado, insultado, apaleado en el patio? ¿Cómo explicarle que los profesores no hacían nada porque seguramente el mes que viene votarán a Rajoy ejerciendo su libre derecho? ¿Cómo convencerle de que cada uno puede pensar como prefiera y que determinadas actitudes no justifican comportamientos conocidos, a veces mejor organizados y más crueles que los de bandas terroristas a ojos de un niño? ¿Cómo convencerle de que ir al colegio es bueno a pesar de todo, porque uno aprende cosas y conoce compañeros y juega en el recreo si ayer acabó con dos dientes en el bolsillo y la chaqueta del uniforme llena de sangre y un labio partido? ¿Cómo explicarle porqué lloraba cada domingo a solas y qué era, en realidad el miedo, cuando ni siquiera podía saberlo porque no reconocía qué era lo que estaba mal de todo aquello?

Pero sí, está bien que cada uno piense libremente, y que actúe en consecuencia. Que haga lo que le venga en gana. Que vote lo que le parezca y que se case con quien quiera su gobierno, o su iglesia. Que sueñe con quien le dejen y que corra cuanto pueda cuando le persigan. Que llore cuando tenga miedo. Por algo nos dieron la capacidad de llorar. Si no para qué...

Es cierto, tenemos que acabar con estas lacras, con estos degenerados y asesinos. Solo así conseguiremos un Mundo Mejor. Para los que queden y lo quieran.