20090914
Por si acaso, me quedo esperando...
como un tiempo fugaz que rodea mi nuca y me mece,
y me extiende unas manos de sal, de amargura, de leche
que bebo y envenena mi luz para siempre.
Para siempre o quizás hasta pronto, que volveré a verte,
Porque en este camino aprendido te encuentro por suerte,
y por suerte me quedo prendido a tu estela, que me deja inerte.
Saber que te vas, te estás yendo y no puedo entender que tu mente
me ignore y repudie, me esconda. Y me angustia una idea:
tenerte en mis brazos y no saber nunca saber retenerte.
Te has ido y me quedo con ganas de amarte, de asirte, de serte;
ganas de contarte, decirte, tenerte
en mi cama, despacio, sin miedo a la muerte,
que llegue tranquila pidiéndome cuentas por tanto quererte.
Sin fondo. En silencio. Valiendo que vale valerte.
Como aquellos juegos de niños, irónicamente
jugando a la tula del tiempo, sin miedo a temerte-
Llorando, infantil desconsuelo, que añoro nostálgicamente
en recuerdos que quieren de ti, pero no saben cómo saber entenderte.
Te escribo estas líneas de mierda por bajar la fiebre
que envuelve mi cuerpo y mi alma, mi boca, mi mente
desierta y oscura de ti, de piel de serpiente
de la que te mudas con dudas de lo que se siente
cuando desde abril, o más tarde, te siento presente.
20090104
20081228
20081204
Oviedo... por no parar
Supimos disfrutar mientras hacíamos planes. Quizá ya entonces sabías que ninguno de ellos iban a llegar a realizarse, pero estuvo bien.
Escribo ahora este post, después de tener la seguridad de haberme portado bien contigo y de haberte hecho concesiones muy difíciles para otros. Sin rencor. Sin daño. Con el deseo de encontrarnos algún otro día y sonreírnos. Quizá entonces me cueste menos entenderte, con una implicación menor.
Fue divertida la sesión de fotos y las sidras baratas. Cada uno seguimos rumbo hacia adelante, aunque yo un poco enlentecido. Todavía.
Escrito ahora este post con la esperanza -todavía- de que lo leas y me pongas un mensaje.
20081121
Cáceres... por no parar
Fin de semana mágico. Mariola, Eunice, Jorge, Pedro, Daniel, Javi, Jose, el sol y yo. Mágico y desgranado lentamente. Punto y momento de retomar y comenzar.Sorpresa. Acogida. Derroche. Risa y llanto. Recapitular y dejarse llevar. Sinceridad y declaraciones. Revelación de historias no contadas. Magia.
Y vuelta a Madrid con ese sentimiento de responsabilidad que se genera cuando uno ha decidido hacer las cosas bien.
20081109
Mallorca... por no parar
Escribo este post casi de vuelta a Madrid desde Mallorca, donde he estado desde el miércoles, trabajando, pero sobre todo descansando y relajándome después del subidón de Sevilla.También he estado echando de menos a Jose y deseando que Tom se sintiera mejor.
Muchas gracias, Jordi, por la acogida y por presentarme a tu familia mallorquina, que es estupenda. Nos veremos esta semana en Madrid, imagino. Ahora entiendo a Valentín y a Pepa cuando me hablan de la isla y de cómo se pasa.
Un besito fuerte también a Gene, y su complejo de ocio Aries en el que he podido descansar y probar el arroz brú, las sopas mallorquinas y los nuevos y flamantes toldos de su terraza que la hacen, si cabe, más acogedora.
Vuelta a Madrid -de noche, como siempre- donde me espera Nora y la normalidad, hasta el jueves, en que una nueva tormenta me sacudirá por los cuatro costados, quitándome la respiración en una dramática aventura de pasión y fuego ;-)
20081031
Barcelona... por no parar [4]
Sin saber bien qué decir ni qué decirme... Ahí hemos estado. Con la sensación de falta de tiempo y de manos para expresarnos. Con Pedralbes rendido, que nos regaló un gato aplastado de lluvia. Con la urgencia y el miedo a quedarme solo a cada paso. Con el deseo de demorarlo todo infinitamente por no perderlo. Con sorpresa. Con ese sabor dulce que queda después. Con la sonrisa escondida detrás del cigarrillo. Con toda la admiración de la que soy capaz. Con todo el respeto.20081023
Justo lo que yo quería...
De pronto, una angustia devastadora me paró en mitad del camino y me invadió de imprevistos. Con qué inconsciencia estaba viviendo ese momento. Con qué irresponsabilidad estaba derrochándolo. Ese momento efímero, que se consumía –que, de hecho, estaba a punto de terminar- a la velocidad con que arde el cabo de una vela seca y vieja, me producía una especie de cosquilleo en alguna parte de mi estómago. Por eso decidí vivirlo con toda su intensidad, y por eso escribí este post aquel día. En un intento de hacer consciente la sensación de no saber. De seguir inventando. Imaginando. De disfrutar de todo aquello que aún desconocía de él.Sabía –además de las cosas evidentes, que no eran pocas- que su voz sonaba firme y que era nervioso; que por tanto, sus pupilas revolotearían detrás de sus gafas, tocándolo todo. Y lo sabía, simplemente porque había decidido saberlo. Y sabía, además de todo esto, que era de sonrisa fácil, y que, a veces se quedaba callado de pronto, mesando su flequillo. Clavado en un punto fijo. Imaginaba que era divertido e inquieto. Había llegado a decidir saber que bajo su mentón dormía una pequeña cicatriz desde los ocho años.
También quise saber a voluntad que le encantaba pasar horas en la cama los domingos, olvidándose de las otras estancias de la casa, y que sólo bebía cerveza además de agua.
Pero no sabía si tenía vello en las piernas, si fumaba o si toleraba que los demás hablaran de él a sus espaldas. Si removía el café en sentido contrario a las agujas del reloj o si su habitación estaba pintada de su color favorito.
Sabía que, desde hacía unos días, él fantaseaba sobre mí igual que yo sobre él. Que nos estábamos inventando una vida del otro. Y, finalmente, yo sabía que no sabía lo que sabía de forma certera. Seguramente pensaba –como me pasaba a mí- que yo era mejor de lo que era realmente. Los dos lo necesitábamos probablemente y, sobre todo, a los dos nos divertía aquella situación. De eso estábamos seguros. Desde el principio: “este tipo de situaciones conflictivas me parecen muy divertidas”. Queríamos tener un compromiso “Viva Topi” y poder escribirnos un mensaje de felices sueños cada noche.
Pero aún así, aunque la urgencia se instalaba entre nosotros, como un tic parpebral, yo no estaba dispuesto a prescindir del placer de demorar el momento de conocerle. De saber que estaba a punto de temblar frente a alguien a quien no había visto nunca; de quien no sabía que existía.
Imaginaba los últimos instantes antes de romper el hechizo. En el aeropuerto, en la estación de tren o en aquel café que estaba a punto de sugerirle cuando programaba con él el primer encuentro mientras escribía este post.
Deseaba que llegara el momento, pero no el último, sino el inmediatamente anterior. La última décima de segundo antes de verle. No para vivirlo, sino para congelarlo eternamente, y así saber que no tendríamos que conocernos nunca. Que podríamos ser desconocidos en el momento culminante de nuestras vidas. Como tocarnos desde ambos lados de un cristal.
Hacer de esos últimos instantes un bucle sin final, en el que la tensión fuera creciendo hasta el nivel máximo. Justo antes de abrir los ojos después de parpadear y encontrarle al otro lado. Dejar el final en suspenso de manera eterna. To be continued… para siempre.
Hasta entonces podría seguir imaginando que hablaba con un acusado acento catalán que le hacía más dulce, y que torcía el pie izquierdo un poco hacia adentro. Seguía teniendo licencia para retocar a mi antojo el bajo de sus pantalones si quedaba demasiado largo . Por eso, había decidido, antes de volver la última esquina, permanecer allí siglos estelares y edades ciegas, por prolongar la incertidumbre, como un orgasmo lento que no termina de llegar, pero por eso nunca acaba. Eterno. Acariciando con deseo lo que estaba a punto de haber sido lo que pudo ser, y no dejamos que sea para que no pierda su esencia.
Aguantándole el paso para no correr por el andén. Inclinando la cabeza hacia un lado al aparecer tras las puertas de la terminal, anunciando tu presencia en barajas. Dando un bote en el café al verme por uno de los ventanales que daban a la calle por la que yo llegaba.
Y después su sonrisa abierta de par en par para detenerlo todo. Para saber lo que los dos acabábamos de perder sin remedio y para siempre. Nuestras ausencias mutuas. Nuestras ilusiones y todas las mentiras que nos habíamos estado contando para llenar la falta de verdad. Todas las mentiras que aún nos hubieran quedado por decirnos de no haber sido porque con nuestro encuentro habíamos permitido que la realidad existiera.
Por eso decidí no verle nunca. Y enamorarme de él. Y pasarme el resto de la vida a su lado, tras un cristal invisible. Inventé una excusa, absurda que inmediatamente aceptó comprendiendo la verdadera razón. Seguir manejando nuestras respectivas mentiras y dejar que se hicieran verdad. Que se convirtieran en lo que siempre habíamos –había- deseado.
Y comprobé en ese mismo momento que aquel chico, finalmente, era exactamente como lo había imaginado. Justo lo que yo quería.
20080912
Zárágózá [II] por no parar...
Encantadora experiencia al lado de los que habitualmente me acompañan en la oficina. Descubrimiento y cobertura. Apaño. Trasiego de manotazos en el hombro para recordarnos que nosotros estamos consiguiendo lo que los de abajo ni siquiera saben que les falta. Encantados de habernos conocido –los unos a los otros-.
Pero después la sensación tan opresora de alguien que tira su vida por la borda sin importarse un carajo y que lo manda todo a paseo para olvidarse de lo que hace años que no se acuerda. Fin de fiesta, epílogo, copa y puro.
Aún así, han servido los registros inventados, el hombre que nos hizo ser vertientes muy juntitos, como apiñados en cada tramo de agua y de sol. Promesa de repetir y besos a Eunice que me atrapa el corazón con ése suyo tan estafado ahora, por las buenas.
Se queda contigo una parte de mi amor. Como la entraña de un asado, tributo para quien ha sabido hacernos durante una buena colección de instantes, que formaron un buen rato. Como las gotas de un río.
20080824
No me crees...
20080719
Escondido en Madrid
Me confundo con Madrid, que me brinda sus calles, como juncos entre los que caminar sin temor a ser visto en el atardecer. Me libero por los bares sabiendo que no voy a encontrarte tras la cerveza o las máquinas de tabaco. Paseo por Nuevos Ministerios con una coartada segura. Y sé que tampoco estarás cogiendo el autobús en el que voy. Canto a voces cuando quiero, porque mi voz se confundirá entre sirenas y risas de niños que salen del colegio. Corro como un loco por Santa Engracia para arriba y Fuencarral hacia abajo, confundido entre las motos que zigzaguean. Me ilumino con la sonrisa, sabiendo que puedo parecer una farola más, un escaparate o la hoguera de una obra en invierno.
No me asusta estar tan cerca porque sé que mi presencia se mimetiza con todo lo demás. Y miro a los ojos a los otros sin temor a tropezar con los tuyos en
El Retiro me ofrece su cobijo en cada puesto de helados si es verano y Argumosa apila sus mesas con manteles de hule cuando la paseo, haciendo una trinchera que te aleje de mí. Por eso me quedo tanto rato como puedo; porque me siento seguro y apartado. De incógnito. Con unas eternas gafas oscuras hechas de nidos de paloma, tras las que me parapeto en las estaciones de metro. Lavapiés. Tribunal. Cuatro Caminos. Madrid es mi compañera y mi destino. Estando aquí me siento arropado en las plazas y en las piscinas.
Si merodeas cerca de donde me encuentro, Madrid se hace anochecer rápidamente buscándome protección y anonimato inmediato, mientras camino tranquilo por Corredera Baja o por el Rastro. Por eso me quedo aquí, tan cerca, pero escondido.
20080627
20080103
Buenos Aires... Por no parar
Y de pronto, el sueño se cumplió. Allí estaba. Fue -era- verdad. Todo estaba allí. No era un decorado. No era una historia inventada. No había sido una colección de novelas o de cuentos bien organizados. Era yo el que estaba paseando frente a la casa rosada y el que tomaba una Quilmes. El que se dejaba enredar entre doce millones de habitantes que caminaban de un lado a otro tras doce horas de vuelo. Todo tan sencillo. Ferrán no se lo había inventado. Y podía comprobar en cada esquina como era verdad lo que me había contado. Lo estaba viviendo.
20071113
París... por no parar
Nos veía en aquella parada de autobús, llorando. Llorando mucho. Y en la pensión de Marais, pidiendo una pizza por no salir de debajo de un edredón de plumas que yo nunca había visto. No voy a olvidarte. No voy a olvidarme nunca.
Santander... por no parar
20070829
Málaga... por no parar [III]
No he sabido hacerlo de otra forma. No sé qué decir. Me desarmas cuando me miras y me dices lo que no voy a poder olvidar nunca. Tanta coherencia. Tanta seguridad me deja sin argumentos. La simplicidad de aquello que es irrefutable. Entonces aparezco yo -terriblemente supérfluo- y te cuento mi punto de vista y la cago. Pero para respetarte de verdad tengo que contarte lo que estoy contando, aunque se nos esté partiendo el alma. Sabes que quisiera que te sintieras orgulloso de mí, pero en este momento es un punto más difícil.Ha habido tantos momentos en los que pensé que el espejismo era un espejismo que no sé pa dónde tirar. Ahora, para respetarte -tú lo haces y nadie nunca antes me lo dijo- tengo que hacer lo que hago. Aunque me quede desmembrado. Aunque quiera hacer lo contrario de lo que estoy haciendo, porque soy incapaz de molestarte, de borrrar tu sonrisa cuando por la mañana despertamos y nos vemos los ojitos, inundados de sueño y de abismo.
Ahora -en todo caso- soy más feliz que en aquella foto.
Londres... por no parar [2]
Saber que sirvo para esto.
Qué le vamos a hacer... Londres. Madrid.
Usted no es el de la fotografía.No puede entrar. Madrid....
Londres
20070724
Plymouth... por no parar
20070709
20070701
La Suerte
Para recordarme que tengo una deuda que no se le escapa
Ya me tiene preso que mas esperaba
Si me regaló tu perfume y tus besos a cambio de nada.
La frase más certera en mi mejor canción
La fe y la madrugada y la fascinación
La llave de los sueños que guardaba en mí
A cambio de tu amor podría hasta morir
Hay algo que quiso decirme a mi oído y no se animaba
Ya me tiene preso ya sacó su espada
Pretende cobrarse que puso en mis besos la piel de tu espalda
