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20091112

Cicatrices

Empieza a dejar de dolerme tanto. A dejar de operar en mi cabeza y en mi estómago. Como si prácticamente no pasara nada, y se convierte en tan sólo un susurro leve que me cosquillea de vez en cuando. Me duele poco ahora, y lo que permanece es la sensación de no haber comprendido. Aunque dé lo mismo. Queda la injusticia y el hecho de haberme sentido abandonado en ese momento puntual. Pero dentro de la parte de proceso madurativo que tiene hacerse viejos, sabes que algunas personas te acompañarán en el camino durante un tiempo y después dejarán de estar presentes. Desaparecerán de una u otra manera. En estos tiempos de cambio, en los que además he dejado de ver a mis antiguos compañeros de trabajo y he ganado otros, dejo de mirarme también en algunas miradas que hasta ahora habían venido siendo imprescindibles, como en un ejercicio de desprendimiento continuo.

No es la primera vez que ocurre. Quizá sea cíclico. Injusto y cíclico. Y doloroso. Como las catástrofes naturales. Como todo aquello que no tiene explicación. Otras personas pasarán a ocupar sus puestos, o simplemente quedarán vacíos, como una especie de cicatriz vital. Y en algún momento, toleraré tenerla. Verla en el espejo cada día. Formará parte de mí y me acostumbraré a contar con ella como testigo de aquel episodio que la provocó, como la prueba de que alguien, alguna vez, llenó ese hueco. Y que, aunque sigue siendo una parte de mí, ha pasado a ser algo distinto.

20091108

Tiempo de cambios

Cómo ser, en un solo instante, mucho más consciente del invierno, más allá del frío o de la lluvia, de la gente que se arrima a las fachadas caminando o de los niños que salen del colegio. Cómo echar de menos el camino a casa desde el parque cuando con siete años pensabas que ser mayor era poder pasar en cada tienda después de pararte en el escaparate para comprar aquello que habías deseado durante minutos interminables. Cómo dejar aparcado en un desván aquello que hasta hacía poco había sido imprescindible y de pronto debe pasar a formar parte de otra cosa. De un no saber bien qué. Quizá nada. Tiempo de cambio a mi alrededor. Tiempo de soltar, de dejar. De ser dejado. También tiempo de dudas que se me escapan entre los sueños sin dejarme ser. Sin dejarme estar tranquilo. Momentos de hacerme nuevamente un ovillo, cuando es invierno, más que nunca y me destemplo porque las puertas se me han quedado abiertas de par en par en un descuido. Ahora toca abrigarse con lo que haya. No perder el ritmo y convertirse en algo distinto con lo que vaya quedando, que no es poco por otro lado. Disfrutar con el cambio y como siempre, mirar el paisaje a mi alrededor. Respirar hondo. Respirar como si me fuera la vida en ello...



20091009

Y va a ser que no...

Aquí debería escribir unos párrafos tristes, descarnados y llenos de angustaia sobre lo hijos de puta que fueron mis jefes este día y cómo sucedió todo y tal y tal, pero me temo que se van a quedar con las ganas...


















De nada. Fin.

20090707

Ibiza... por no parar

Mis tareas me han traído a Ibiza, donde hace tantos años decidí dejarme el corazón, enamorado hasta las trancas de mi compañero de instituto Alberto, en aquel fin de curso adolescente y torpe. No había pensado en él desde hace mucho tiempo, pero buscando una excusa para introducir el post lo he recordado. He repasado la inseguridad que me provocaba mi cuerpo -casi como ahora- y lo vulnerable de mi ánimo cuando él estaba cerca.

Cierto que he vuelto a Ibiza un buen número de veces, pero aquélla eclipsa todas las demás. He venido con David, casi siempre a ver a Daniel, pero el espíritu de Alberto, y su rubia cabellera que lo justificaba todo, convierte el resto de mis viajes en un vago recuerdo sin sustancia.
Qué bueno era quedar exhausto entonces, y sin aliento, cuando el otro nos miraba o no nos miraba -daba lo mismo-. Qué bueno, andar sin aliento todo el día y todas las noches.

A Alberto le entregué mi corazón miles de millones de veces, aunque él no lo quiso nunca. Debió quedar en Cala Conta o en Cala Tarida tirado entre la arena. Alberto era burro. Y cabezota. Aunque ahora que lo pienso, quizá no se lo dejé suficientemente claro, con ese hilillo de voz insegura y débil que salía de mi garganta en aquellos años. Creo que nunca se lo ofrecí en voz alta, de hecho. Casi todas las veces debí decirlo con los ojos, o rozándole un codo en el pupitre. Debí haberlo gritado un poco más alto. O por escrito. Con un dibujo. Como los de mi amigo Aitor. Aitor Saraiba. Que es superlisto y muy expresivo dibujando sentimientos que tienen las personas dentro.

Ahora, una vez aprobado el instituto, el amor se asoma muy débilmente a mi cuarto. Y lo hace de una manera más práctica y más en otro rollo. Es amor que va de otro palo. Distinto e irreconocible la mayor parte de las veces. Por eso me gustan los dibujos de Aitor, porque contienen el amor que poco a poco se me ha ido escapando entre los viajes y los compañeros de pupitre.

Ayer llegué a Ibiza por motivos de trabajo, y existe la posibilidad de tener que pasar aquí mucho tiempo, como ha pasado con Sevilla en los últimos ocho meses. Cierto es que, con o sin Alberto, hago estas cosas por no parar.

20090706

La mari me encanta puntocom

Me encanta. Lamari me encanta. Alguien que con la magia binaria del 0-1 consigue mejorar el mundo poco a poco. La descubrí hace poco en la maravillosa experiencia SanarMadrid. Lamari tiene un sitio web mágico. Puedes escribirle cualquier cosa y ella te atiende y lo que es mejor: te encanta. Pero te encanta de verdad. Y su encanto resuelve tu problema. O te acompaña con él.

Hace algún tiempo pataleé por la muerte de Mario Benedetti y decidí confiarle esta tragedia vital para mí a Lamari y ella me propuso una solución fantástica. Me propuso que construyera mi vivero para escritores, en el que mantener vivos a aquellos que, aliviándome con sus letras en otro tiempo, estaban ausentes ahora.
Y me encantó.
Me dijo que tenía un vivero para mí que pienso cuidar en cuanto nos encontremos. Coincidió además que en mi viaje a Praga me regalaron una bolsita de semillas de baobad. Lamari me dió la solución a mi problema mientras estaba en este viaje. Así que, nada más llegar a casa, vertí las semillas en una maceta (la más mágica que encontré) y estoy esperando a ver qué pasa. Prometo enseñaros las fotos de los pequeños baobads en cuanto salgan, como ya he hecho otras veces.

20090619

No quiero que se muera Mario Benedetti [gracias, Nacho, niño]

No. No quiero que se muera Benedetti.
Y que me deje huérfano en el camión.
Que se destierre y me olvide en el olvido rojo de un poema
Que construye como un pañuelo que transforma en despedida.
No.
No quiero que se muera, que me deje con mi vida,
mi trabajo.
Por eso quiero que mienta,
con sus putas de sol
y sus amaneceres, pero vivo.
Despertar tras noches de perder la vista, tras figuras imposibles y desnudas y encontrarle a nuestro lado.
No quiero que se muera, haz lo posible
porque la noche siga siendo nuestra.
Y nos complazca.
Y nos aturda a los tres, como un conjunto de estrellas. Como aquel conjunto de estrellas que abandonan su galaxia.
Que resuenen los ecos de un inmenso caudal que le incorpora desde su lecho -de dormir, que no está muerto- hacia delante.
No.
Por eso si puedo llorar como un niño para impedir que se muera
comenzaré ahora. Sin parar y sin tregua. Y revolveré mi cuerpo sobre el suelo
pidiendo que aún siga vivo entre nosotros y nosotras y nos alumbre.
Qué complicado es ser adulto y no poder borrar la parte de vida que nos duele.
No poder ignorarla e inventar otra más amable.
Qué desgarrado despertar cada día y pensar que como tú, otros van a marcharse.
Sin remedio y sin sentido y sin consuelo.
Testaruda realidad que me envejece.

20081204

Oviedo... por no parar

Escribo este post retrospectivamente, ahora que puedo, y que debo hacerlo. Fue aquel viaje a Oviedo un regalo para los dos y la posibilidad de volver a jugar con un destino con el que no contaba. Volví a sentirme de alguna forma importante para alguien a ese nivel que reconforta sin hacerte descarrilar. Creo que aquellos días nunca fueron reales y que, de alguna manera los dos lo sabíamos desde el principio. Pero fue divertido intentar lo que intentan todos con buenos resultados, como asomarme a una película y entrometerme en la historia de su protagonista.
Supimos disfrutar mientras hacíamos planes. Quizá ya entonces sabías que ninguno de ellos iban a llegar a realizarse, pero estuvo bien.
Escribo ahora este post, después de tener la seguridad de haberme portado bien contigo y de haberte hecho concesiones muy difíciles para otros. Sin rencor. Sin daño. Con el deseo de encontrarnos algún otro día y sonreírnos. Quizá entonces me cueste menos entenderte, con una implicación menor.
Fue divertida la sesión de fotos y las sidras baratas. Cada uno seguimos rumbo hacia adelante, aunque yo un poco enlentecido. Todavía.
Escrito ahora este post con la esperanza -todavía- de que lo leas y me pongas un mensaje.

20080912

Zárágózá [II] por no parar...

Casi muertos de todo, y muertos un poco también de agua hemos regresado de la Expo con las comisuras de los labios hacia abajo y los ojos humedecidos. Esta expo ha tenido dos partes para mí. La parte líquida, en la que todo ha fluido y escurriéndose por cualquier rendija ha conseguido contagiar todo a su paso, y la parte vaporizada, abrasando, que se escapaba volátil por cualquier parte sin dejarse atrapar.
Encantadora experiencia al lado de los que habitualmente me acompañan en la oficina. Descubrimiento y cobertura. Apaño. Trasiego de manotazos en el hombro para recordarnos que nosotros estamos consiguiendo lo que los de abajo ni siquiera saben que les falta. Encantados de habernos conocido –los unos a los otros-.
Pero después la sensación tan opresora de alguien que tira su vida por la borda sin importarse un carajo y que lo manda todo a paseo para olvidarse de lo que hace años que no se acuerda. Fin de fiesta, epílogo, copa y puro.
Aún así, han servido los registros inventados, el hombre que nos hizo ser vertientes muy juntitos, como apiñados en cada tramo de agua y de sol. Promesa de repetir y besos a Eunice que me atrapa el corazón con ése suyo tan estafado ahora, por las buenas.
Se queda contigo una parte de mi amor. Como la entraña de un asado, tributo para quien ha sabido hacernos durante una buena colección de instantes, que formaron un buen rato. Como las gotas de un río.

20080825

Volando voy...

Están todos en destino. Llaman para decir que prolongarán sus vacaciones unos días más. Muchos. Interminablemente. Están descansando en hamacas de trozos de nube y de sal marina. Hotel todo incluido de por vida para sentirse tranquilos y dedicarse a descansar. Patricia ha pedido habitación doble porque sabe que puede haber plan y luego no quiere problemas. Isaac ha conseguido una excelente cuna para su bebé, por lo que se suma al grupo sin miedo.

Pasarán tanto tiempo como puedan. Hemos acordado que tendrán un último contacto con los suyos para comprobar que están bien y que todo lo demás ha de seguir como siempre. Alguno de ellos han decidido dejar a sus familiares algunos objetos personales, para que les recuerden, aunque es prácticamente unánime en todo el pasaje que el mejor recuerdo que pueden tener son sus corazones, que seguirán en casa para siempre, con aquellos que les quieren y a los que quieren. Estará sobre la cama o en la cocina. En la pecera o en la funda de las gafas que olvidaron llevarse.

Por eso han tomado un avión que no regresará. No lo necesitan. Eugenia y Jorge comentaban durante el viaje, que no habían cogido ropa de abrigo, pero no importa. La temperatura en destino es la justa. Personalizada.

Sus familiares y amigos se han puesto un poco tristes en estos últimos días. Por eso Iván no entiende nada, y le parece injusto y egoísta. Rafael piensa que debe haber un error en todo esto y Soco no se explica cómo Carlos no ha contado con ella para este cambio de planes.

Por eso, por las noches, gritan y lloran en lugar de dormir. No quieren entender, solamente quieren que vuelvan. Por eso se arañan el rostro con la rabia de quien ha perdido una parte de lo suyo.

Es extraño que estemos siendo unos extraños profesionales los que intentamos explicarles la situación y apaciguar su dolor por la separación definitiva. Sin embargo, depositan en nosotros la confianza y el miedo. La duda y el desgarro de saber que la próxima vez que los vean será la última: la despedida final. No servimos para nada en esos momentos. Pero extrañamente nos convertimos en su guía por un camino incierto, desconocido y doloroso. Que da miedo. Mucho. Como otras veces ha ocurrido con estas decisiones incomprensibles. Nos gusta estar en ese último encuentro, para darles fuerzas por si flaquean y desean retenerles o partir con ellos. Les ayudamos a encontrar consuelo y les ponemos en el punto cero del resto de sus vidas.

Solamente podemos decirles que fue bueno lo que les queda de cada uno. Las tardes en invierno y las paellas al sol. El último día en el parque de atracciones y aquella sonrisa, inolvidable en el último viaje que hicieron juntos. Que estarán bien donde vayan y que algún día volverán a estar juntos porque es lo justo.

Por cierto, me dicen que María Luisa ha decidido sumarse a última hora a estas vacaciones por sorpresa. Javi, su niño de ocho años tomado la delantera en la decisión y por eso no se lo ha pensado más.

Buen viaje –el mejor de todos- a cada uno.

20080618

Las gafas de Phillis

Aquella tarde de mayo Phillis odió sus gafas con toda la fuerza que le permitían sus veintiséis años, y se dejó ser de nuevo una adolescente; cuando más se había enfurecido por la inseguridad de un cuerpo que todavía no le pertenecía y que pensó que odiaría siempre, toda la vida, y la Eternidad Entera de Toda la Humanidad. Demasiado alta y demasiado delgada. Tetas diminutas y las piernas largas y rectas, como una tarea escolar. De nada habían servido las conversaciones con el clérigo, ni con su madre, que intentaban en vano que comprendiera los cambios a que se veía sometida, injustamente y sin sorpresa; sin derecho a indemnizaciones.
Aquella tarde odió sus gafas con todas sus fuerzas y maldijo a su abuela materna, portadora del gen de una miopía que se había cruzado en su camino con el único objeto de hacerle la vida decididamente imposible.

Cuando este sentimiento le invadía en su primera juventud, corría escaleras arriba y se refugiaba en el cuarto de los trastos como si estuviera hecho para ella y su desgracia y allí pasaba horas y horas y amasaba allí su desazón. Igual que en aquella tarde de mayo, en que Del le había confesado su interés por otras mujeres, y juntas habían repasado la lista de conocidas y amigas comunes, puntuando a cada una, con su juicio de expertas entre risas; compartiendo su secreto. Un secreto que se tornó amargo cuando Phillis comprobó que Ella no estaba en la lista de chicas favoritas de Del. Desde el primer momento supo que se trataba de sus horribles gafas, detrás de las que se escondían sus diminutos ojos azules de americana eternamente alerta.

Por eso corrió desde Yerba Buena Garden conteniendo las lágrimas, tras despedirse de su enamorada hasta su apartamento en el número 16 de Misison Street, y allí se hizo un ovillo en la cama. Echando de menos el cuarto de los trastos de sus catorce años tan intensamente que pensó que no podría seguir adelante.

Ese mismo año, el Día de la Independencia americana, ambas celebraron la fiesta por todo lo alto. Compraron sendos trajes idénticos para el baile al que finalmente no acudieron. No fue necesario. En casa de Phillis, componiendo cada una su mejor imagen, ante el espejo, arreglando sus peinados, decidiendo los zapatos que rematarían el vestido, ensayando pasos de baile, dejaron correr los compases mientras se regalaban un beso profundo y deseado, que iba a durar los siguientes cincuenta y cinco años.

Desde ayer, 18 de mayo de 2008, Del y Phillis, tendrán algo más que celebrar juntas. Una razón nueva para sentir que la vida es un regalo. Ellas han sido las primeras esposas en contraer matrimonio en el estado de California. Ahora tendrán la foto que adjunto en algún lugar privilegiado en casa. Lo mejor de todo es que desde entonces, y al menos hasta el día de ayer, Phillis continúa llevando sus inseparables gafas.

20080307

Todos hemos muerto un poco hoy...

Acaban de atentar contra nuestra democracia en la persona de Isaías Carrasco.

Se nos ha entristecido un poco la libertad también. No podemos faltar el domingo a votar.

Nos hemos muerto un poco hace un momento. No sé qué más decir. Sólo sé lo que hacer. Lo que debo de hacer.

20070721

Costureras reunidas...

Acabo de descubrir una nueva pagina (perdon por los acentos, pero donde me encuentro no los conocen...) y no queria privaros de ella. Se trata de www.costus.es. En este espacio, podreis estar informados de todo aquello que tiene que ver con el pasado y el presente de aquella emblematica pareja de costureras que tanto contribuyeron a la que la movida fuera lo que fue y a que sus personajes quedaran reflejados en todo su esplendor.
Cuando ya estaba cansado de buscar en google para encontrar tan solo fragmentos de noticias, aparece este sitio web con todo aquello que cualquier hubiera deseado; incluso videos en youtube de una de las parejas de artistas plasticos mas reconocidas en el panorama nacional.
Teneis el link en el listado de sitios por los que navego y en este mismo post, para que os deleiteis con ellos y sirva asi de homenaje de este, que un dia compartio con ellos paredes y otras cosas en la Via Lactea de Madrid.
Para flamantediario, desde Plymouth, Yomismo.

20070307

¡Qué más da!

¿Qué más da que hayas aparecido ayer de nuevo, sin merecerlo, desde el más puro convencimiento de que mi penúltimo post fuera cierto? Todo eso da lo mismo.
Da igual que se me haya arrojado el corazón a la boca y haya vuelto a ver nublado, y haya retrocedido dos años en el tiempo en un instante.
Estoy bien porque estoy bien, y no tiene nada que ver contigo. No tiene nada que ver con que, por una vez, como hace años –muchos-, haya conseguido articular palabra y lo haya hecho eficazmente.
Ya me sentía bien antes de ayer y el día anterior.
No ha tenido importancia que, después, haya estado sonriendo toda la tarde sin sentido, ni que te haya vuelto a imaginar, como antes, cien veces, desnudo en mi cama, escapando de los demás. Pequeño. Desnudo todo.
Casualmente hoy me siento bien, sin que nada de todo esto haya tenido que ver.
Tus ojos estaban intactos, tu media sonrisa, tu tono de voz, tus manos... pero sobre todo tus ojos. Clavados. Cómo hacer.
[...]
Tantas ganas de olvidar el penúltimo post y gritar, no que te merezco, sino que lo merezco. Pero saber que no es así, y pasar a la responsabilidad a las habilidades, a la terapia implosiva, rápida. A la tranquilidad.
A sentirme bien.
A estar bien.
A seguir bien, si es que se puede.
Sin que tenga que ver que he necesitado correr, camino al metro, para apretar la sonrisa, que me venía inundando desde atrás, como rayitos de sol.
Mirad ahora la fotografía que he elegido, mostrándome realmente feliz. Feliz. FELIZ. Como estoy ahora. Como estaba ayer. Como tiene que ser y como tengo que estar.
Sin que sea una señal que ahora, mientras escribo, esté nervioso, y quiera beber vino, para conservarte en mi boca. Y quiera pintar de nuevo, como hice hace dos años por última vez.
Hoy me siento bien, es verdad, pero ayer también me sentía así.
Aunque escuche sin parar la misma canción, que hace dos años no conocía, pero que me obliga a pensar en tí

20070304

Azar

Mirando desde el callejón. Casi gritando que no hay salida. Después de haber dormido tanto tiempo pensando que, finalmente, algo vendría a compensarnos. Que no estábamos abandonados a la fría estadística o al azar. Comprendemos, mirando desde el callejón, que esto-no-toca. Que nada suma, ni resta. Nada puntúa. Simplemente ocurre; como ocurre todo lo de más. Lo de los demás. Aquellos que no nos importan, a los que no queremos porque no sabemos que existen. Da lo mismo. Para todos igual. Nada puntúa, ni queda registrado. Cada instante es volver a empezar. Cero.

A veces parece que está allí. Al fondo del callejón. Como una luz tenue que revienta al fondo con miedo. Y puede que esté. Pero no es un tributo. No es un pago por una factura pendiente. Nada le importa al azar. Llega –si llega- porque tiene que llegar. No-toca. Ni tocaba, ni el maldito “ya era hora que me tocara”. Por eso no merece la pena que quedemos esperando. Lo que deseamos llegará, mordaz, -o no- y eso es, y será todo.

Solo que, a veces, sentimos la tentación de negarlo todo, de sentirnos ingenuos, torpes, desmerecidos, o maltratados. Y entonces nos entristecemos, buscando nuestro turno. Miramos desde el fondo del callejón, buscando Nuestra Vez, que dudosamente llegará si la suerte nos ignora. Será un accidente. Entonces, esas veces, nos harán llorar, por la misma pena. La desilusión de los niños se hará con nosotros. Nos dolerá, mientras luchamos por no entender la Regla. Comprobaremos, una vez más, seguramente con dolor, que todo sigue siendo casual, como siempre.

Aunque, por si acaso, seguiremos asomándonos al fondo, donde la luz. Por si aparecemos en la Lista. Por si esta vez [Él/ellos/esto] no se han olvidado de nosotros. Mendigando fortuna donde no existe. Implorando ventura merecida. Y volveremos a quedarnos tristes, cada vez más viejos comprobando como en este caso la Ley solo gobierna excepciones, y nosotros no somos una de ellas. Quizá daremos una leve patada a algún objeto muerto en la acera. Si nos quedan fuerzas y apariencia.

Y quizá volveremos una vez más a casa. Con nuestra mejor chaqueta de punto. Buscando la voz que debería calmarnos. Consolarnos. Predecirnos un destino lleno de sueños y de deseos cumplidos. Pedirnos paciencia, como siempre. Tiempo de espera, confianza. Hacernos sentir confortables con el destino. Darnos esperanza para el siguiente tramo de vida. Aunque para entonces ya sabremos que se trata todo de una mentira que se cuenta a los niños, de noche, cuando los monstruos les visitan en las sombras.

20070114

Me dice Mi Bruja... [2]

Anoche hicimos una Kedada Kolectiva con Mi Bruja. Bueno, con Nuestra Bruja, porque es una Bruja Comunitaria, así nos sale más económica. La llamamos con la excusa de vernos y de cenar y tomar algo todos juntos por el año nuevo, aunque todos guardábamos secretamente la intención de preguntarle sobre lo que el nuevo año impar nos iba a deparar, aunque ninguno se lo confesamos a priori.

Así que se cogió su Escoba Voladora, marca Spanair –en la que ella confía mucho- y se plantó en Madrid en un periquete. Estaba muy mona, aunque del aire del trayecto se le habían hecho unos tirabuzones que no hubo manera de quitarle en toda la noche. Salvo ese pequeño detalle, la encontramos todos estupenda. Algo desesperada en lo sexual, como habitualmente, pero bastante favorecida.

Pasado el primer momento de besos, saludos y piropos, fuimos andando al chino de abajo, porque Enrique aún no se ha comprado la moto –no entendemos todavía porqué- y tras rebañar los platos de cerdo agridulce, pollo al limón, arroz tres delicias, y fideos con verduras –por este orden, los rollitos de primavera eran ya solamente un recuerdo- me aventuré a insinuar: -oye, ¿me vas a leer las cartas? Inmediatamente cada uno de nosotros, albergando secretamente consultar el oráculo, nos pusimos a buscar barajas de póker, arkanos, españolas (Eraclio Fournier Vitoria), hasta el solitario de la PDA. La negativa de Nuestra Bruja no se hizo esperar: -No puedo, no estoy preparada. No voy a concentrarme.- sentenció desvaneciendo nuestras esperanzas.

Aún así, nosotros, arpíos, decidimos contraatacar con cubatas bien cargados, por si quedaba alguna posibilidad, y en medio del delirio, aceptaba a tendernos una mano al futuro; pero nada. Casi a punto de desistir, comenzamos a jugar con los móviles, y en el momento en que conecté mi blutuz para que Rakel me pasara una foto de su niño, de pronto, como poseída, Nuestra Bruja, comenzó a vomitar un oráculo, apuntalándose con las manos, muy erguida y con los ojos en blanco roto.

-Has iniciado un cambio- me dijo- después de que todo a tu alrededor ha venido cambiando durante tantos años, y tú te has negado a asumir esos cambios, te has resistido. Ahora has analizado y te has decidido a cambiar tú también. Eso es bueno. Es algo muy bueno que está empezando en ti. Te has dado cuenta y estás en ello. Estás empezando y eso es bueno –repitió mientras temblaban sus manos-. Debes seguir arreglando tu casa, como te dije la última vez, cuidando las cosas que pones en ella, y trabajando para ti, y encontrarás el amor cuando de verdad quieras encontrarlo, eso ya lo sabes-. Y aquí se cerró el Oráculo para mí, con un largo sorbo de cubata.

A lo largo de la noche volvió a abrirse, ya sin temblores, para Enrique y para Rakel. Bastaron unos cubatas más. Nuestra Bruja es Buena, de las mejores. Sabe leer en las sales minerales del Aquarius, en la chusta del porro y en muchos más sitios raros. Ahora también se conecta con tu móvil por blutuz.

Gracias, Bruja, por tus visiones, por tus voces, o por lo que quiera que sea que me hace investigar en mí mismo y creer que soy un poco mejor de lo que a veces pienso y que tengo esperanzas de Ser Feliz y de compartirlo con alguien.

20061030

Laberinto

Más. Necesito andar un poco más.
En este laberinto que me pierde cada día.
En el que me pierdo, sin saber dónde está la salida.
Qué es la salida.
Tengo que seguir andando, dando pasos. Avanzando.
Y caminar con las cuatro reglas.
O tres.
En este laberinto que debe tener salida.
Es solo que estoy cansado de caminar, de volver esquinas con esperanza.
De pensar que existe una salida, como existía una entrada.
Cuatro reglas para caminar el camino.
Y después, construir. Cuando vea una débil luz al fondo.
¿Fue siempre un error, o ha sido ahora, que me encuentro sentado en el camino sin saber hacia dónde debo ir?
No sé dónde perdí el plano.
La sonrisa,
La habilidad. El tiempo.
No sé dónde se quedaron mis armas.
Necesito andar un poco más.
Seguir en el laberinto esperando ese débil matiz luminoso.
Tiene que estar por aquí.
Quizá un poco más adelante.


M


20060627

Me dice Mi Bruja...


Me dice Mi Bruja que no me deje llevar tanto. Que me deje de Suponer de una vez. Que me escuche más a mí mismo y un poco menos a los demás. Que cuide mi casa. Que ponga en ella cosas que quiera. Bien es cierto que desde que volví a habitarla, todo ha sido un mero accidente. Recordaba el sitio de cada cosa y todo ha vuelto donde estaba, sin pararme a pensar si lo seguía necesitando, o si lo quería.

Me dice Mi Bruja que traiga a casa cosas que me hagan sentirme bien. Cosas Bonitas. De todos es sabido que una Bruja contrariada puede ser peligrosa –por los poderes; “capullo, no te jode”. Por eso, nada más salir de su...

...gabinete...
...territorio...
...despacho...
...secretaría...
...oficina...
...dominio...
...(¿??!!)...

...compré dos docenas de rosas. Naranjas. Preciosas y aparentemente frescas, y tras disponerlas en dos jarrones, busqué sitios Principales en la casa donde ubicarlas. Antes de que hubiera podido decidir desde dónde debían romper El Hechizo que me impide conseguir mis objetivos, las 24 (23 para ser más exactos, mi mala suerte no tiene igual) se habían marchitado completamente.

Quizá el Hechizo es más fuerte que el antídoto y tengo que traer más flores. No sé si éste no es el remedio, y tengo que perfumar de incienso cada estancia de la casa. Por suerte, me acaban de informar que Mi Bruja llega pronto a mi ciudad; seguro que algo sospecha –Mi Bruja vive en una isla lejana, rodeada de mar- y podré consultarle, incluso pedirle que estudie la presencia de alguna extraña fuerza entre las paredes en que vivo.

Me dice Mi Bruja que soy mi Peor Enemigo. Y claro, eso complica las cosas, porque soy yo quien vive conmigo, y necesito que los dos sigamos compartiendo el apartamento; no puedo separarme de mí mismo. Contribuyo al pago de la hipoteca religiosamente que yo mismo pago, y solo no podría nunca. Deberé mantener una reunión conmigo mismo –varias si me apuran- y limar pequeñas asperezas (quizá con el tiempo) para hacer que este tándem comience a funcionar como uno solo.

De entrada, pienso en esta noche... qué bien que llegue pronto Mi Bruja para orientarme, y puntualizar sobre aquellas cosas que me dijo. No sé si seguir comprando flores o hacer una reforma integral. Lo que tengo claro es que esto no puede seguir así para ninguno de los dos.

20060311

Onceeme


Hola a todos,
Acabo de llegar a casa. Cuatro días espantosos. No han llegado a 12 horas dormidas. 22 amigas mías quedan todavía por identificarse. Son todas mujeres. Es más complicado. Los hombres llevan la documentación en el pantalón y las mujeres en sus bolsos, que salen disparados cuando hay una explosión. Sus familias ya son amigas mías. Llevo cuatro días con ellos. Cuatro días de horror que no voy a poder olvidar en mi vida. No estoy cansado, estoy rabioso.
Por los pasillos los profesionales lloran. Lloramos. Las familias les dan ánimo. En las salas de espera, las cosas son al revés.
Somos todos víctimas. Todo en medio de un caos de espanto. De miedo. De todo el miedo.
Y casi mil quinientos ajenos a todos nosotros en Atocha, en Ifema, en la Almudena. Más de mil quinientos dando gracias porque solo están heridos. Todavía tengo marcado cada tramo de vía, cada pregunta, cada prueba de ADN. Sigo buscando a María Jesús, porque David ya está resuelto. Ya sabemos que David es David. Mari Carmen estuvo con su familia mucho antes, el viernes. Aunque ya no va a poder dar a luz a su bebé. Todavía me quedan 22 amigas que no hemos podido encontrar. Nos quedan 22 amigas a todos ¿alguien sabe algo de ellas? Si tenían marcas, o tatuajes, la ropa que llevaban el jueves pasado cuando salieron de casa...
Mención especial a Sergio, que salió corriendo del primer vagón de Atocha, muerto de miedo, y encontró un taxi. Se siente culpable. Me llama a cada momento para que le dé las gracias por haber escapado de la última explosión. De otro modo, estaría dándonos más trabajo en los hospitales, en la Almudena. Gracias Sergio, por no ser el 193. Te llamo otra vez mañana. Gracias por tener miedo.

Quiero daros las gracias a muchos de vosotros. Gracias por vuestras llamadas, por vuestros mensajes, en medio del horror han sido lo único que me recordaba que seguía siendo yo, que estábamos ayudando y que no me había tocado a mí mismo coger un mal tren. De los que no recibí nada, gracias también, porque sé que estábais ahí, rebuscando con nosotros.

Voy a dormir un poco. Aún tenemos que seguir. Aguantar el último tirón. Pero merece la pena. Por María Jesús. Por muchas más. Si esto tiene que ocurrir otra vez, que me toque a mí en el vagón tercero. No podría soportar otra vez el miedo que provoca ver el miedo. Se me han muerto muchos padres, y madres, y hermanos. Se me han muerto muchos amigos. 22 me están esperando todavía.
Voy a dormir.

20051204

Pensar en blanco y negro



Es curioso que tú, Bernd, ya me dijeras que pensaba en blanco y negro. Claro, que tenías que dar explicación a lo que no estaba pasando. Grunewaldstrase. 93. Todo correcto. Todo pensado, y un pequeño fallo al final del pasillo. Mínimo error, y a partir de ahí, saber que la programacion había fallado y tenías que contemporizar. Arreglar. Guión mal entendido.

Entonces yo, aún era feliz e indocumentado. Entonces estaba blando. Vulnerable. Y tantas otras veces que se me colaron los cambios de guión sin una exigencia por mi parte. Me has construido parcialmente. Sobre el barro se escribe fácil. No es necesario apretar.

Necesitaba rendirte hoy tributo. Aunque siento no haber inventado un título diferente. Merecido. Es verdad que pensaba en blanco y negro, pero nadie me había enseñado a pintar de colores la realidad. Me bastaba lo que tenía.

Ahora me sigue bastando -qué remedio- y es ahí donde te conviertes en acreedor. Por enseñarme a vivir en colores, para no salirme de lo deseable. Cómo quise tu edredón de piel en aquellos días. Y volar a Berlín lleno de vida y de esperanzas. En blando y en negro.

Gracias por tu lección, que aún sigo repasando.