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20090914

Por si acaso, me quedo esperando...

Saber que te vas, que te has ido, que no estás presente,
como un tiempo fugaz que rodea mi nuca y me mece,
y me extiende unas manos de sal, de amargura, de leche
que bebo y envenena mi luz para siempre.
Para siempre o quizás hasta pronto, que volveré a verte,
Porque en este camino aprendido te encuentro por suerte,
y por suerte me quedo prendido a tu estela, que me deja inerte.

Saber que te vas, te estás yendo y no puedo entender que tu mente
me ignore y repudie, me esconda. Y me angustia una idea:
tenerte en mis brazos y no saber nunca saber retenerte.

Te has ido y me quedo con ganas de amarte, de asirte, de serte;
ganas de contarte, decirte, tenerte
en mi cama, despacio, sin miedo a la muerte,
que llegue tranquila pidiéndome cuentas por tanto quererte.

Sin fondo. En silencio. Valiendo que vale valerte.
Como aquellos juegos de niños, irónicamente
jugando a la tula del tiempo, sin miedo a temerte-
Llorando, infantil desconsuelo, que añoro nostálgicamente
en recuerdos que quieren de ti, pero no saben cómo saber entenderte.

Te escribo estas líneas de mierda por bajar la fiebre
que envuelve mi cuerpo y mi alma, mi boca, mi mente
desierta y oscura de ti, de piel de serpiente
de la que te mudas con dudas de lo que se siente
cuando desde abril, o más tarde, te siento presente.

20090619

No quiero que se muera Mario Benedetti [gracias, Nacho, niño]

No. No quiero que se muera Benedetti.
Y que me deje huérfano en el camión.
Que se destierre y me olvide en el olvido rojo de un poema
Que construye como un pañuelo que transforma en despedida.
No.
No quiero que se muera, que me deje con mi vida,
mi trabajo.
Por eso quiero que mienta,
con sus putas de sol
y sus amaneceres, pero vivo.
Despertar tras noches de perder la vista, tras figuras imposibles y desnudas y encontrarle a nuestro lado.
No quiero que se muera, haz lo posible
porque la noche siga siendo nuestra.
Y nos complazca.
Y nos aturda a los tres, como un conjunto de estrellas. Como aquel conjunto de estrellas que abandonan su galaxia.
Que resuenen los ecos de un inmenso caudal que le incorpora desde su lecho -de dormir, que no está muerto- hacia delante.
No.
Por eso si puedo llorar como un niño para impedir que se muera
comenzaré ahora. Sin parar y sin tregua. Y revolveré mi cuerpo sobre el suelo
pidiendo que aún siga vivo entre nosotros y nosotras y nos alumbre.
Qué complicado es ser adulto y no poder borrar la parte de vida que nos duele.
No poder ignorarla e inventar otra más amable.
Qué desgarrado despertar cada día y pensar que como tú, otros van a marcharse.
Sin remedio y sin sentido y sin consuelo.
Testaruda realidad que me envejece.

20080930

Barcelona [II]... por no parar

Viaje relámpago. Negocios. AVE. Dalequetepegodalequetepego. Llegando. Móvil. Móvil: ¿Dígame? Un cura paliza no hace más que hablar a gritos con su teléfono de tapa activa. El alzacuellos a medio poner, y un pudor compartido en el vagón. Cama. Atocha. Sants. Avinguda Diagonal. Desayuno. Sants. Atocha. Casa. A toda prisa, como un viaje furtivo. BarnaMadridBarna. Vuelvo a estar aquí, después de haber reusado pasar los últimos minutos de minutos caminando por el centro. Plaza de la Universidad. Plaza de Cataluña. Rambas. Gótico. Gótico. Sueño, reclamaciones en RENFE y vuelta a casa. Un viaje pequeñito. Casi rehusado. En casa...

20080825

Volando voy...

Están todos en destino. Llaman para decir que prolongarán sus vacaciones unos días más. Muchos. Interminablemente. Están descansando en hamacas de trozos de nube y de sal marina. Hotel todo incluido de por vida para sentirse tranquilos y dedicarse a descansar. Patricia ha pedido habitación doble porque sabe que puede haber plan y luego no quiere problemas. Isaac ha conseguido una excelente cuna para su bebé, por lo que se suma al grupo sin miedo.

Pasarán tanto tiempo como puedan. Hemos acordado que tendrán un último contacto con los suyos para comprobar que están bien y que todo lo demás ha de seguir como siempre. Alguno de ellos han decidido dejar a sus familiares algunos objetos personales, para que les recuerden, aunque es prácticamente unánime en todo el pasaje que el mejor recuerdo que pueden tener son sus corazones, que seguirán en casa para siempre, con aquellos que les quieren y a los que quieren. Estará sobre la cama o en la cocina. En la pecera o en la funda de las gafas que olvidaron llevarse.

Por eso han tomado un avión que no regresará. No lo necesitan. Eugenia y Jorge comentaban durante el viaje, que no habían cogido ropa de abrigo, pero no importa. La temperatura en destino es la justa. Personalizada.

Sus familiares y amigos se han puesto un poco tristes en estos últimos días. Por eso Iván no entiende nada, y le parece injusto y egoísta. Rafael piensa que debe haber un error en todo esto y Soco no se explica cómo Carlos no ha contado con ella para este cambio de planes.

Por eso, por las noches, gritan y lloran en lugar de dormir. No quieren entender, solamente quieren que vuelvan. Por eso se arañan el rostro con la rabia de quien ha perdido una parte de lo suyo.

Es extraño que estemos siendo unos extraños profesionales los que intentamos explicarles la situación y apaciguar su dolor por la separación definitiva. Sin embargo, depositan en nosotros la confianza y el miedo. La duda y el desgarro de saber que la próxima vez que los vean será la última: la despedida final. No servimos para nada en esos momentos. Pero extrañamente nos convertimos en su guía por un camino incierto, desconocido y doloroso. Que da miedo. Mucho. Como otras veces ha ocurrido con estas decisiones incomprensibles. Nos gusta estar en ese último encuentro, para darles fuerzas por si flaquean y desean retenerles o partir con ellos. Les ayudamos a encontrar consuelo y les ponemos en el punto cero del resto de sus vidas.

Solamente podemos decirles que fue bueno lo que les queda de cada uno. Las tardes en invierno y las paellas al sol. El último día en el parque de atracciones y aquella sonrisa, inolvidable en el último viaje que hicieron juntos. Que estarán bien donde vayan y que algún día volverán a estar juntos porque es lo justo.

Por cierto, me dicen que María Luisa ha decidido sumarse a última hora a estas vacaciones por sorpresa. Javi, su niño de ocho años tomado la delantera en la decisión y por eso no se lo ha pensado más.

Buen viaje –el mejor de todos- a cada uno.

20080818

Cosas por las que merece la pena vivir [post reabierto]

Hola a todos y todas. Hace unas semanas publiqué un post con este mismo título en el que enumeraba algunas razones cotidianas para estar vivo y acercarnos un poco más a la felicidad. Como tengo los mejores amigos y amigas del mundo, Jorge y Sara añadieron en los comentarios aquéllas que a ellos les hacían sentirse vivos. No en vano, decía el título que se trataba de un post abierto. Me gustaría compartir en la portada, y no en los comentarios, sus aportaciones, por lo que reabro este post, con la invitación para todos y todas de añadir más razones que nos recuerden que vivir merece la pena. Si las añadís, las incorporaré -sin censuras- en el contenido del post a medida que vayan llegando. Será una lista que repasar en esos momentos bajos y que ampliar el resto del tiempo. El resto de la vida. Todas las gracias del mundo a vuestras aportaciones.

Las mías...
Despertarse tarde/ El ajo y el limón en las comidas/ La pimienta negra/ Mirar a otros en el metro/ Este blog/ Mis amigos/ Disfrutar solo en casa/ La música/ Un cruce de miradas/ Bailar/ El arte, cualquier tipo de arte/ Viajar/ Ver a mi madre feliz/ Un baño en el mar/ Hablar con quien sabe de lo que habla/ Conducir sin tráfico/ La cocacola normal/ Un abrazo/ Una llamada de teléfono/ Las noches en verano/ Una ducha después del trabajo/ La carne vuelta y vuelta/ Conseguir lo que quieres.
Las de Jorge...
La frase de una película que alguien recuerda en la cena y quitarse la palabra/ Entrar solo en el baño de una discoteca muerto de risa y mojarse la cara un rato largo/ Recibir de repente la herencia de un jersei de un amigo al que se quiere, que ya no le cabe/ Hacer circulitos en la arena de las dunas de una playa con el dedo, mientras el sol hace circulitos en nuestra piel con un rayo espiral/ Agacharse lejos en una fiesta a la intemperie y con música, y ver a todos sembrados como sombrillas de felicidad/ Dar un pellizco en la foto, y saber ya que no duele su imagen, y quitarle el polvo con un beso...

Las de Sara...

Un gazpacho helado en vaso de tubo/Empolvarse la nariz con las amigas planeando estrategias/ nocturnas/ Las películas de Howards Hawks/ Organizar, vivir y recordar un viaje/ Los besos con lengua muy largos/ Las agujetas de las carcajadas/ Encontrarse con un ex estando monísima, delgadísima e indiferente/ La última vuelta de la maratón en las olimpiadas/ Dormir desnudo en sábanas blancas de algodón...

Las de Bianca...

Un brownie/ Les chocolates/ Le barullo del mar/ Les baños en el mar/ Las viajes/ Los dias de sol/ Los besos/ Los abrazos/ Los amigos/ La familia

Las de Regiane

Los detalles perfectos de cada ser humano/ Los ojos de mis padres, después de un año/ Leonardo, amor/ Amigos/ Música/ Olor de café por la mañana/ Helados en el verano/ Mascota, Romeu/ El sol/ La luna/ Mariposas amarillas/ Creo que hay mucho más, pero sólo me di cuenta ahora.

Las de Rodrigo

Mi novia, Giovanna/ La Playa adonde me quedo en vacaciones/ El baloncesto Corinthians/ Las Vacaciones/ Futbol Americano/ El Perdón/ Arroz con frijoles/ Mi familia/ Mi amigos

Las de Fabiano

“el Huracán” (el grande Clube Atlético Paranaense) y su casa llena/ Las goleadas, del Huracán, en “la bajada”, “el calderón del diablo”/ Mi esposa/ Los viajes en moto/ Nadar en el mar/ Correr por las calles/ Un pote lleno con brigadier/ Tomar vino o cerveza con los amigos/ La música pesada/ Las vacaciones.

Las de Irene

levantarte, desayunar y volver a la cama/ la frase justa/ los libros.../ noches de risas infinitas/ mirarte mientras duermes "pacificamente"/ dos horas al telefono/ ir al cine sola/Faure.

Las de Daniel

Mirarte mucho Hoy, por si no te veo mañana/ la luna roja de agosto/ la siesta en una tarde de tormenta/ el abrazo de mis niñas/ la risa, tu risa, vuestra risa.

Las de Bárbara

Los ataques de risa con mis amigos/ la gente que te saluda cada mañana/ una noche de amor/ mi madre feliz, mi padre feliz/ un buen libro, una paella/ la playa gallega/ leer los blogs cargados de positividad/ un orgasmo compartido/ una tarde de cine/ una pizza/ una sonrisa en el metro/ un paso adelante en la lucha por los ddhh,...merece la pena, siempre!, aunque haya veces que nos duela, como esta última semana. Gracias!!!!!!!!!!!

Las de Daniela

La naturaleza con sus misterios y regalos como: la brisa, las flores, los olores, el mar, el sol, la lluvia, el anochecer.../ Una reunión con los amigos/ Bailar hasta el amanecer/ Reir mucho hasta carcajar/ Las músicas y los libros/ Pan caliente con mantequilla/ Los viajes con sus descubrimientos/ Vacaciones en la playa o simplemente: VACACIONES/ Dormir escuchando la lluvia/ Estar enamorada.

Las de Paula

Los viajes/ Los almuerzos de domingo con la família/ Encontrar mi novio después de días/ Los dulces/ Los besos y abrazos de mi sobrina Giovana/ Un buen restaurant/ Dormir sin tener hora para despertar/ Llorar de tanto reirse/ Un buen libro/ Cine, teatro, músicas...

Las de Leonardo

Estar con los amigos y la familia/Estar al lado de la mujer amada/ Tener una objetivo dificil, planear y lograr el intento/Completar una maratona/Planear como los pájaros en una ala delta/Oir el himno de nacional cuando un atleta de su pais gana la medalla de oro y verla emición en su cara/Planear, viajar, aprender y recordar/Ensinar a los niños nuestros conocimientos y aprender con los ancianos/La libertad y las cosas sencillas de la vida/La presencia de Dios en la naturaleza.

Las de Gisele Fabián

Mi familia/ Mis sobrinos/ Mis amigos/ El sol y el mar/ Viajar/ Sonreir solo/ Bailar/ Cantar duchándose/ Salir de copas/ Tener una vida llena de alegrías

Las de Almudena

La fuerza de mis padres/ La siesta, sí Dani, la siesta con tormenta/ Ver llover/ la pasta, que rica/el refugio de mis amigos/ducharse más de media hora/ Pablito...la ternura/Estar morena/ Soñar esta noche y todas/ conmoverse con las palabras de otro/el primer novio/ no poder parar de reir/los recuerdos y las fotos/ que se haga de noche en la playa...
Las de Xaxá
Saber que Diós está presente en la naturaleza, el mar que no invade la Tierra, etc/ El Sol se en el mar, en una tarde de verano/ la luna llena suspensa en el cielo y las estrellas/ Los sítios lindos que hay en todo el planeta, cómo: las cataratas de foz, las playas del nordeste, el egyto, camino de Santiago, etc/ Mi mamá se mí anmiga, tomar un buen vino con mi amor y estar junto de mis anmigos/ Saborear de la gastronomía de mí país y de los otros/ Aprovechar las cosas simples que la vida le oferta, como: pasear en un parque, shopping,comer chocolate etc/ Dar muchas risas, que es muy bueno para la salud/ Escuchar músicas que te agradan, salir para bailar/ Hacer lo que da vontad,cómo: aventuras radicales, rastro en contacto con la naturaleza.

Las de Gaby

Ariel (su hijo)

Las de Carolina

La familia/ Los amigos/ Una linda playa/ Un fuerte abrazo/ Un beso demorado/ La aprobación en la universidad/ La alegria de tus padres/ Dormir en un día lluvioso/ Una musica que te recuerda alguien especial/ La amistad.

Las de Carlos

El amor/ Toda la naturaleza/ Las personas que conocemos/ Las personas que vamos a conocer/ Viajar por el mundo/ Músicas buenas/ Todas las artes/ Una demostración de cariño/ La sinceridad de los niños/ La vida.

Las de Tierra

Un beso de mi hijo / un beso de mi hija / un beso de mis hijos al mismo tiempo / mirar a mi marido de 46 y seguir viendo en él a mi chico de 16 / estar sola llorando / pensar en los hijos que tendrán mis hijos / saber que aún ligo y digo NO / oler un libro / encontar un billete de metro del 1980 en los manuales de la uni / conocer a los hijos de mis compis del insti / que mis padres viven / tener tiempo para este blog

Las de Graça
Amar/ Compartir cualquier cosa/ Descubrir/ Aprender y enseñar/ Soñar, dormido y despierto/ Holgar/ Leer libros/ Mis sobrinos/ El vino/ El sexo con y sin amor/ Ver el mar desde la ventana de casa/ No saber qué me espera a la vuelta de la esquina/ “Ese temor de hallarme descubierto” de la canción de Pablo Milanés

¿Alguna más...?

20080805

Madrid desierto

Hacía mucho tiempo que no pasaba agosto casi del tirón en Madrid, pero me gusta. Pensé -viendo el planazo- que iba a sentirme bastante más agobiado. El calor es insoportable, pero francamente, con una terracita a última hora se alivia bastante. Me gusta esta sensación de estar solo en Madrid; de conducir tranquilo, de pasear sin empujones. Madrid se convierte en un desierto todos los agostos y eso le da una imagen diferente; más amistosa. Cierto es que se echan de menos las miradas de las que hablaba el otro día en mi post pero, por otro lado, hay un sentimiento de complicidad cuando te cruzas con alguien, como si fuera tu vecino o un compañero de trabajo. Casi dan ganas de saludar, y piensas "estamos los dos solos en Madrid".
Se duerme mal por las noches, pero es la mejor época del insomnio, porque estamos todos esperando un minuto de respiro en el balcón, medio desnudos, con las ventanas abiertas mientras descansamos en el sofá justo enfrente.
Me gusta la sensación de la ducha fría, antes de salir a dar un paseo (nunca antes de las diez de la noche), y fantasear con la calle desierta, que te lleva a cualquier oasis, como transportándote. No importan los bajones de tensión, ni la necesidad de beber, o el sudor en nuestras cabezas. A Madrid se le perdona casi todo y a cambio nos ofrece una imagen distinta llena de misterio, como un eterno afterhours en el que nunca sabes lo que va a pasar, porque es todo tan distinto que cualquier cosa parece posible.

20080719

Escondido en Madrid

Por eso me refugio en Madrid, para no verte. Entre los arbustos de los parques que se suceden esquivando las avenidas. Cerca de la puerta de algún museo o bajo la marquesina de un autobús. Si no llueve, también puedo correr y sentarme en un banco disimulando, como si no pasara nada,. Como si no fuera yo. Perderme con la gente en un mercado o bajo la sombrilla de una terraza. Madrid es mi escondite, aunque me hace estar cerca de tí. Me permite cambiar de cara a cada momento, de nacionalidad, de edad, de sexo o de trabajo. Arropa mis requiebros y escondrijos en sus mil agujeros.

Me confundo con Madrid, que me brinda sus calles, como juncos entre los que caminar sin temor a ser visto en el atardecer. Me libero por los bares sabiendo que no voy a encontrarte tras la cerveza o las máquinas de tabaco. Paseo por Nuevos Ministerios con una coartada segura. Y sé que tampoco estarás cogiendo el autobús en el que voy. Canto a voces cuando quiero, porque mi voz se confundirá entre sirenas y risas de niños que salen del colegio. Corro como un loco por Santa Engracia para arriba y Fuencarral hacia abajo, confundido entre las motos que zigzaguean. Me ilumino con la sonrisa, sabiendo que puedo parecer una farola más, un escaparate o la hoguera de una obra en invierno.

No me asusta estar tan cerca porque sé que mi presencia se mimetiza con todo lo demás. Y miro a los ojos a los otros sin temor a tropezar con los tuyos en la Calle Carretas o en la Plaza Mayor. Por eso me escondo en Madrid. En el Retiro y en la Calle Espíritu Santo o Ave María. Sé que no vamos a encontrarnos en una sala de espera o en un guateque.

El Retiro me ofrece su cobijo en cada puesto de helados si es verano y Argumosa apila sus mesas con manteles de hule cuando la paseo, haciendo una trinchera que te aleje de mí. Por eso me quedo tanto rato como puedo; porque me siento seguro y apartado. De incógnito. Con unas eternas gafas oscuras hechas de nidos de paloma, tras las que me parapeto en las estaciones de metro. Lavapiés. Tribunal. Cuatro Caminos. Madrid es mi compañera y mi destino. Estando aquí me siento arropado en las plazas y en las piscinas.

Si merodeas cerca de donde me encuentro, Madrid se hace anochecer rápidamente buscándome protección y anonimato inmediato, mientras camino tranquilo por Corredera Baja o por el Rastro. Por eso me quedo aquí, tan cerca, pero escondido.

20080713

Cosas por las que merece la pena vivir... [post abierto]

Despertarse tarde
El ajo y el limón en las comidas. La pimienta negra.
Mirar a otros en el metro.
Este blog.
Mis amigos.
Disfrutar solo en casa.
La música.
Un cruce de miradas.
Bailar.
El arte, cualquier tipo de arte.
Viajar.
Ver a mi madre feliz.
Un baño en el mar.
Hablar con quien sabe de lo que habla.
Conducir sin tráfico.
La cocacola normal.
Un abrazo.
Una llamada de teléfono.
Las noches en verano.
Una ducha después del trabajo.
La carne vuelta y vuelta.
Conseguir lo que quieres.

20080618

Las gafas de Phillis

Aquella tarde de mayo Phillis odió sus gafas con toda la fuerza que le permitían sus veintiséis años, y se dejó ser de nuevo una adolescente; cuando más se había enfurecido por la inseguridad de un cuerpo que todavía no le pertenecía y que pensó que odiaría siempre, toda la vida, y la Eternidad Entera de Toda la Humanidad. Demasiado alta y demasiado delgada. Tetas diminutas y las piernas largas y rectas, como una tarea escolar. De nada habían servido las conversaciones con el clérigo, ni con su madre, que intentaban en vano que comprendiera los cambios a que se veía sometida, injustamente y sin sorpresa; sin derecho a indemnizaciones.
Aquella tarde odió sus gafas con todas sus fuerzas y maldijo a su abuela materna, portadora del gen de una miopía que se había cruzado en su camino con el único objeto de hacerle la vida decididamente imposible.

Cuando este sentimiento le invadía en su primera juventud, corría escaleras arriba y se refugiaba en el cuarto de los trastos como si estuviera hecho para ella y su desgracia y allí pasaba horas y horas y amasaba allí su desazón. Igual que en aquella tarde de mayo, en que Del le había confesado su interés por otras mujeres, y juntas habían repasado la lista de conocidas y amigas comunes, puntuando a cada una, con su juicio de expertas entre risas; compartiendo su secreto. Un secreto que se tornó amargo cuando Phillis comprobó que Ella no estaba en la lista de chicas favoritas de Del. Desde el primer momento supo que se trataba de sus horribles gafas, detrás de las que se escondían sus diminutos ojos azules de americana eternamente alerta.

Por eso corrió desde Yerba Buena Garden conteniendo las lágrimas, tras despedirse de su enamorada hasta su apartamento en el número 16 de Misison Street, y allí se hizo un ovillo en la cama. Echando de menos el cuarto de los trastos de sus catorce años tan intensamente que pensó que no podría seguir adelante.

Ese mismo año, el Día de la Independencia americana, ambas celebraron la fiesta por todo lo alto. Compraron sendos trajes idénticos para el baile al que finalmente no acudieron. No fue necesario. En casa de Phillis, componiendo cada una su mejor imagen, ante el espejo, arreglando sus peinados, decidiendo los zapatos que rematarían el vestido, ensayando pasos de baile, dejaron correr los compases mientras se regalaban un beso profundo y deseado, que iba a durar los siguientes cincuenta y cinco años.

Desde ayer, 18 de mayo de 2008, Del y Phillis, tendrán algo más que celebrar juntas. Una razón nueva para sentir que la vida es un regalo. Ellas han sido las primeras esposas en contraer matrimonio en el estado de California. Ahora tendrán la foto que adjunto en algún lugar privilegiado en casa. Lo mejor de todo es que desde entonces, y al menos hasta el día de ayer, Phillis continúa llevando sus inseparables gafas.

20080229

Feos

..."Frente a los anteriores, los feos de aspecto son también feos de espíritu, y tal fealdad es defecto de naturaleza y efecto de desproporción, objeto horrendo de la vitrud visiva y, en definitiva, imagen espresa del infierno. Ya Aristóteles consideró que de la fealdad venían en gran parte la infelicidad, y Proclo de Licia afirmó también que todo lo feo es malo..."

Giovan Battista Della Porta: Fisiognomía II

20080201

Ni ETA ni maricones

Y hacen muy bien, si señor. Las cosas como Dios Manda. Porque ETA mata a las personas, y los maricones acabarán por hacerlo. El SIDA no es sino un avance, el resultado de su propia degeneración progresiva. Todo Hombre de Bien lo sabe. Y no vale la pena que laven su imagen con salidas masivas del armario ni con matrimonios abominables que apoyen los gobiernos modernos. Deberían estar en cárceles. O muertos. Como los asesinos y los terroristas. Por desviados. Por pederastas. Por delincuentes.

¿Cómo mantenerse indiferente ante actitudes como ésta? ¿Cómo pensar en democracia cuando, viviendo bajo uno de los gobiernos más tolerantes, te desayunas una buena mañana con una recomendación como ésta, gratis y porque-sí? Y lo que es más importante: ¿cómo pedirle que racionalice y aguante las lágrimas a aquel niño que día tras día era vapuleado por sus compañeros, ridiculizado, insultado, apaleado en el patio? ¿Cómo explicarle que los profesores no hacían nada porque seguramente el mes que viene votarán a Rajoy ejerciendo su libre derecho? ¿Cómo convencerle de que cada uno puede pensar como prefiera y que determinadas actitudes no justifican comportamientos conocidos, a veces mejor organizados y más crueles que los de bandas terroristas a ojos de un niño? ¿Cómo convencerle de que ir al colegio es bueno a pesar de todo, porque uno aprende cosas y conoce compañeros y juega en el recreo si ayer acabó con dos dientes en el bolsillo y la chaqueta del uniforme llena de sangre y un labio partido? ¿Cómo explicarle porqué lloraba cada domingo a solas y qué era, en realidad el miedo, cuando ni siquiera podía saberlo porque no reconocía qué era lo que estaba mal de todo aquello?

Pero sí, está bien que cada uno piense libremente, y que actúe en consecuencia. Que haga lo que le venga en gana. Que vote lo que le parezca y que se case con quien quiera su gobierno, o su iglesia. Que sueñe con quien le dejen y que corra cuanto pueda cuando le persigan. Que llore cuando tenga miedo. Por algo nos dieron la capacidad de llorar. Si no para qué...

Es cierto, tenemos que acabar con estas lacras, con estos degenerados y asesinos. Solo así conseguiremos un Mundo Mejor. Para los que queden y lo quieran.

20080131

La bien pagá

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20071120

Sara, aglutinadora, que no estás...

Querida Sara, que no estás como antes:

Me encuentro en ese estado en que podría parecer que me han robado algo que es mío. Que siempre lo fue. Aunque ahora no está. Algo parecido a lo que pasa contigo, Sara, que ahora estás lejos –qué estarás haciendo, maldita...bendita-.

Tenía esta deuda contigo, y la saldo en esta tarde –ya invierno- en que quiero escribir. Un gesto egoísta, robarte para darme carnaza.

No sé si éramos del todo conscientes aquel día en que estrenaba móvil, de que te estabas marchando. ¡Claro! Además yo no pude acompañarte en el paso decisivo de quedarte y no estar. Lástima que mi móvil estuviera en mal estado y el servicio técnico borrara aquellos vídeos que te hice. Tu cara, tan extraña cuando unos brasileiros te cantaban en la plaza. La Plaza.

Pongo aquí esta foto, que en su día te saqué con mi móvil en La Latina, probándote unas gafas que nos vendía una abuelita, y que te hacían estar tan Tú. Creo que juntamos dinero y las compraste. No es la mejor, ni la más significativa. Pero es Latina y Sara y nosotros.

Después, cayó la niebla sobre nosotros, y ahora solamente no estás. Sabemos que estás bien. No me atrevo a llamarte. Se me agarrotan los dedos cuando comienzo un mail. No es angustia de que no estés, debe ser otra cosa, desde pequeño. No sé hacerlo. Pero aquí me asomo confiado y puedo decírtelo sin sentirme inseguro.

Que estés bien te encomiendo; como siempre, vamos. Con esa tranquilidad asaltada por una brillantez que arrollaba, como me gustaba sentirte. Progresele fue uno de los mejores momentos, para tenerte en todo tu esplendor, copa de vino rojo oscuro en mano. Apoyada en lo que mejor sabes hacer, en lo que Sabes Hacer. Que resulta que Sabías Hacer, zorra.

Y ahora... el umbral de la pobreza a tomar por culo, mientras decides hacer lo que debes, y nos dejas aquí, un poco huérfanos, en este Madrid, que en realidad, no nos gusta tanto como nosotros pensábamos.

A ver si algunos días –por no parar- acabo parando a tu lado. A vuestro lado unos días de nuestras vidas. Aunque sé que entretanto, te veremos En Casa.

Dale recuerdos a aquella noche en ese pueblo del demonio donde dormimos juntos, desnudos y echando de menos a otros, mientras casi habíamos dejado de saber quiénes éramos ni que habíamos ido a hacer allí.

No quiero ser cursi –debo cuidarme, con la edad, es cada día más fácil para mí-. Piensa, cuando leas esto que he tomado antes dos –tres- cervezas que justifican algunas cosas. Dale besos a Iván –otro- y date a ti muchos besos, que son los que yo te daría algunas veces, desde este verano en que no te tengo tan cerca. Hago esto por la deuda que tenía contigo, pero sobre todo, para llenar un vacío que venía llevando entre el pecho y el ombligo y que empezaba a estorbar, sobre todo, si bebo cerveza.

20070905

Lo Bello y lo Feo

Lo Bello y lo Feo conviven, permanecen, son, cohabitan en mi mundo. Me muestran su sustancia sin pudor. Sin remedio. Se conocen y forman parte del mismo instante, del mismo punto, de la misma realidad.

Cuando se cruzan en el camino, lo Bello se pavonea y muestra sus mejores perfiles y aristas, mientras lo Feo se crece, arrogante generando repulsa y vómito.

Alguna vez lo Feo se ha disfrazado de Bello, para después, quitarse su capa en público y mostrar sus babas, sus pelos o su pestilencia y conseguir un mayor impacto con el contraste. También lo bello a veces se ha convertido en Feo, casi sin querer –nunca hubiese querido traspasar esa frontera delgada y peligrosa- y acumulando éxitos de Belleza ha rozado la lujuria, la holgazanería o la altivez.

Dicen que han descubierto que lo Bello, algunas noches, llora de rabia y de envidia a lo Feo por ser como el fango y no tener nada que perder. Quizá por no tener moral. Llora en silencio, por no afearse y no mostrarse con todo su horror.

También se ha visto ante el espejo como Feo se atusa, se compone y se conquista ante su imagen. Me contaron una vez que tras intentarlo durante horas, rugió un sonido espeluznante y deshizo el espejo, convirtiendo su abominable reflejo en un montón de añicos.

Entre ambos se entremezclan la pasión y el odio. El amor y la repulsa. Pero uno existe porque existe el otro. Como una condena. Como una eterna tragedia que deben vivir mutuamente para ser. Por eso conviven. Se odian, aunque pretendan ignorarse. Se necesitan. Son. Se admiran. Cohabitan en mi mundo.

20070325

Santiago...por no parar [2]

Dejo el hotel San Roque, con cierta melancolía. Al final me he hecho a él y a su staff, tan entrañablemente familiar. Contento por encontrar en recepción un extraño grupo: dos belgas, con su hijo, guapísimo, que se afanaba en falar galego con un acento apreciable. A su lado revoloteaba una inequívoca recién estrenada novia, que mantenía contacto físico permanentemente con él, sin duda, en un intento de retenerle, tras quedar presa de él anoche, entre gemidos ahogados: demasiado cerca la habitación contigua de sus flamantes suegros.

Ante sus manifiestas dificultades, les ayudé a localizar el hotel en el mapa de la ciudad, mientras desayunaba, y pude saber entonces que los padres marchaban, mientras que el chico iba a quedarse unos días más, imagino que con la secreta intención de repetir la sesión nocturna con más libertad, ahora que sus progenitores estarían demasiado lejos para poder escucharle fornicar.

La joven era tierna, bastante gallega: dulce y demasiado frágil quizá. Él, sin embargo, era de esos hombres jóvenes con el que yo mismo formaría una familia –mamá, te presento a Johann-, por lo que no pude evitar dedicarle unas cuantas miradas de aspecto despreocupado, pero secretamente colmadas de deseo. Así acaricié de modo furtivo sus piernas, su nuca, sus dedos, doblando el mapa, y aquellos labios rosados que llegaron a perturbarme por un instante, mientras sonreían.

Más tarde, mientras leía el periódico en la Praza de Inmaculada, sentado al sol, olvidado el muchacho y calmada la calentura, apareció de improviso nuevamente el grupo.

El hombre mayor, se sentó a mi lado. Demasiado cerca –fue entonces cuando les identifiqué- las dos mujeres me rodearon sin que prácticamente pudiera darme cuenta, y el muchacho bilingüe nos tomó una fotografía a los cuatro, que mostrábamos amplias sonrisas. -
Moitas gracias-, me regaló el fotógrafo mientras rozaba mi hombro con aquellas manos que había imaginado recorriendo mi cuerpo tan sólo unos minutos antes. Gracias amigo, repitió, marchándose con los demás en dirección a la Praza de Cervantes, con su cámara al cuello y todo mi amor dentro de ella.

Mientras seguía con la mirada su trasero, redondo, impulsando sus muslos, no conseguía desentrañar los sentimientos que me estaba evocando lo ocurrido. Una extraña mezcla de amistad, pérdida, triunfo y desazón. El había decidido llevarme a su lado.
Guardarme. Archivarme para siempre y atrapar mi alma, digitalizándome para siempre en unos cuantos megapíxeles. Quizá una vez en su destino, lejos de aquella novia, cuyo recuerdo no permanecerá más allá de dos o tres semanas en su cabeza, decida volcarme en el disco duro de su ordenador portátil mientras saborea una cerveza despreocupado...
Lo cierto –y dondequiera que acaben esos miles de bytes casi furtivos, algo de mí se estaba marchando con ellos, cautivo. Algo genuinamente mío e íntimo. Algo que en un instante le entregué envuelto en mi sonrisa abierta, que secretamente le acariciaba a través del objetivo. Es posible que, cuando descargue la imagen en su casa, una tarde, decida -sin saber exactamente porqué- utilizarla para siempre como salvapantallas, desde el que le sonreiré eternamente sin saberlo.

20070307

¡Qué más da!

¿Qué más da que hayas aparecido ayer de nuevo, sin merecerlo, desde el más puro convencimiento de que mi penúltimo post fuera cierto? Todo eso da lo mismo.
Da igual que se me haya arrojado el corazón a la boca y haya vuelto a ver nublado, y haya retrocedido dos años en el tiempo en un instante.
Estoy bien porque estoy bien, y no tiene nada que ver contigo. No tiene nada que ver con que, por una vez, como hace años –muchos-, haya conseguido articular palabra y lo haya hecho eficazmente.
Ya me sentía bien antes de ayer y el día anterior.
No ha tenido importancia que, después, haya estado sonriendo toda la tarde sin sentido, ni que te haya vuelto a imaginar, como antes, cien veces, desnudo en mi cama, escapando de los demás. Pequeño. Desnudo todo.
Casualmente hoy me siento bien, sin que nada de todo esto haya tenido que ver.
Tus ojos estaban intactos, tu media sonrisa, tu tono de voz, tus manos... pero sobre todo tus ojos. Clavados. Cómo hacer.
[...]
Tantas ganas de olvidar el penúltimo post y gritar, no que te merezco, sino que lo merezco. Pero saber que no es así, y pasar a la responsabilidad a las habilidades, a la terapia implosiva, rápida. A la tranquilidad.
A sentirme bien.
A estar bien.
A seguir bien, si es que se puede.
Sin que tenga que ver que he necesitado correr, camino al metro, para apretar la sonrisa, que me venía inundando desde atrás, como rayitos de sol.
Mirad ahora la fotografía que he elegido, mostrándome realmente feliz. Feliz. FELIZ. Como estoy ahora. Como estaba ayer. Como tiene que ser y como tengo que estar.
Sin que sea una señal que ahora, mientras escribo, esté nervioso, y quiera beber vino, para conservarte en mi boca. Y quiera pintar de nuevo, como hice hace dos años por última vez.
Hoy me siento bien, es verdad, pero ayer también me sentía así.
Aunque escuche sin parar la misma canción, que hace dos años no conocía, pero que me obliga a pensar en tí

20070304

Azar

Mirando desde el callejón. Casi gritando que no hay salida. Después de haber dormido tanto tiempo pensando que, finalmente, algo vendría a compensarnos. Que no estábamos abandonados a la fría estadística o al azar. Comprendemos, mirando desde el callejón, que esto-no-toca. Que nada suma, ni resta. Nada puntúa. Simplemente ocurre; como ocurre todo lo de más. Lo de los demás. Aquellos que no nos importan, a los que no queremos porque no sabemos que existen. Da lo mismo. Para todos igual. Nada puntúa, ni queda registrado. Cada instante es volver a empezar. Cero.

A veces parece que está allí. Al fondo del callejón. Como una luz tenue que revienta al fondo con miedo. Y puede que esté. Pero no es un tributo. No es un pago por una factura pendiente. Nada le importa al azar. Llega –si llega- porque tiene que llegar. No-toca. Ni tocaba, ni el maldito “ya era hora que me tocara”. Por eso no merece la pena que quedemos esperando. Lo que deseamos llegará, mordaz, -o no- y eso es, y será todo.

Solo que, a veces, sentimos la tentación de negarlo todo, de sentirnos ingenuos, torpes, desmerecidos, o maltratados. Y entonces nos entristecemos, buscando nuestro turno. Miramos desde el fondo del callejón, buscando Nuestra Vez, que dudosamente llegará si la suerte nos ignora. Será un accidente. Entonces, esas veces, nos harán llorar, por la misma pena. La desilusión de los niños se hará con nosotros. Nos dolerá, mientras luchamos por no entender la Regla. Comprobaremos, una vez más, seguramente con dolor, que todo sigue siendo casual, como siempre.

Aunque, por si acaso, seguiremos asomándonos al fondo, donde la luz. Por si aparecemos en la Lista. Por si esta vez [Él/ellos/esto] no se han olvidado de nosotros. Mendigando fortuna donde no existe. Implorando ventura merecida. Y volveremos a quedarnos tristes, cada vez más viejos comprobando como en este caso la Ley solo gobierna excepciones, y nosotros no somos una de ellas. Quizá daremos una leve patada a algún objeto muerto en la acera. Si nos quedan fuerzas y apariencia.

Y quizá volveremos una vez más a casa. Con nuestra mejor chaqueta de punto. Buscando la voz que debería calmarnos. Consolarnos. Predecirnos un destino lleno de sueños y de deseos cumplidos. Pedirnos paciencia, como siempre. Tiempo de espera, confianza. Hacernos sentir confortables con el destino. Darnos esperanza para el siguiente tramo de vida. Aunque para entonces ya sabremos que se trata todo de una mentira que se cuenta a los niños, de noche, cuando los monstruos les visitan en las sombras.

20061125

Tu carita...

De pronto un día dejarás de entrar en este blog para saber sobre mí, y yo no miraré tus ventanas cuando pase por debajo de tu casa.
Sin darnos cuenta, todo se irá haciendo más suave, más gris, más tenue. Distinto. Y prescindible. Olvidable.
No estarás disponible al otro lado del teléfono, porque yo no te llamaré nunca más, de pronto, un día, hará siglos que no nos pensamos.
Pasaremos a ser pasado, legado. Olvido. Quizá un dulce recuerdo por tu marca de tabaco o por mis eternas gafas. Por la bebida que tomas.
Y yo dejaré de tener algo de queso en la nevera, por si te presentas por sorpresa.
Dejarás de entrar en mi calle pensando en mí. Sin ni siquiera saber si sigo viviendo donde siempre. Quizá yo haya decidido componer la historia de que has emprendido un largo viaje y que no vienes nunca.
Olvidaremos que estuvimos juntos en los sitios, y pasarán simplemente a ser los sitios a los que vamos. Lenta y amnésicamente.
Me olvidaré de buscar tu nombre en google para ver si, por fin has hecho algo nuevo, algo grande. Algo.
De pronto un día, me olvidaré de este post en el que pienso que cualquier día desapareceremos de nuestras cabezas. Nos olvidaremos de todos los detalles. De todos los instantes, recordando solamente lo básico. Pero a lo lejos. Sin resonancia. Sin más recuerdo que el que evoca una fotografía pegada en un álbum.
Sin darnos cuenta todo se habrá hecho suave y gris y tenue. Y el tiempo habrá iniciado una nueva carrera imparable hacia el olvido. Como tantas veces ya.
No estará pasando nada que no hubiera de pasar. Transcurrirán las horas monótonas, goteando sobre el balde del olvido, del tiempo olvidado que hace olvidar.
¿Cómo era aquel gesto, aquel que hacías al salir de la ducha? Ya no recordaré. Es más: para entonces habré olvidado que siempre sacabas la lengua hacia arriba.
Para entonces probablemente, tú ni siquiera recordarás mis duchas.
Y yo habré olvidado tu carita al despertarte.

20061122

Supongamos [2]

Supongamos que me dejo llevar y que, de pronto me encuentro en tus brazos, viendo lo que ven tus ojos y lo que hasta ahora no he sido capaz de ver yo mismo.

Supongamos que, de pronto, me dejo llevar una tarde y me olvido de todo este tiempo, dando vueltas absurdas, sin mirar el paisaje, sin querer mirar alrededor.

Supongamos que, sin saber porqué, sin que nada haya ocurrido, me dejo llevar por sorpresa y resulta que me siento cómodo con todo eso y con ese nuevo itinerario en las tardes de esta primavera que es de otro color diferente a tardes de primaveras anteriores.

Supongamos qué si amanezco contigo sin haber podido pegar ojo y no me extraño de encontrarte a mi lado en la cama, y me dejo llevar por la mañana y te abrazo como si siempre hubieras estado allí.

Supongamos si es posible, que despierta en mí, no sé por qué extraño ruido repetido, el deseo de encontrarme contigo en el punto en que hace mucho tiempo ya nos encontramos un día y me dejo llevar y comienzo a buscarte.

Y Supongamos que te encuentro y eso me gusta, y me olvido del pasado y me quedo con un futuro que está llegando a marchas forzadas y eso me gusta y me olvido del invierno que, sin duda llegará después, y me dejo llevar...