20081204

Oviedo... por no parar

Escribo este post retrospectivamente, ahora que puedo, y que debo hacerlo. Fue aquel viaje a Oviedo un regalo para los dos y la posibilidad de volver a jugar con un destino con el que no contaba. Volví a sentirme de alguna forma importante para alguien a ese nivel que reconforta sin hacerte descarrilar. Creo que aquellos días nunca fueron reales y que, de alguna manera los dos lo sabíamos desde el principio. Pero fue divertido intentar lo que intentan todos con buenos resultados, como asomarme a una película y entrometerme en la historia de su protagonista.
Supimos disfrutar mientras hacíamos planes. Quizá ya entonces sabías que ninguno de ellos iban a llegar a realizarse, pero estuvo bien.
Escribo ahora este post, después de tener la seguridad de haberme portado bien contigo y de haberte hecho concesiones muy difíciles para otros. Sin rencor. Sin daño. Con el deseo de encontrarnos algún otro día y sonreírnos. Quizá entonces me cueste menos entenderte, con una implicación menor.
Fue divertida la sesión de fotos y las sidras baratas. Cada uno seguimos rumbo hacia adelante, aunque yo un poco enlentecido. Todavía.
Escrito ahora este post con la esperanza -todavía- de que lo leas y me pongas un mensaje.

20081121

Cáceres... por no parar

Fin de semana mágico. Mariola, Eunice, Jorge, Pedro, Daniel, Javi, Jose, el sol y yo. Mágico y desgranado lentamente. Punto y momento de retomar y comenzar.
Sorpresa. Acogida. Derroche. Risa y llanto. Recapitular y dejarse llevar. Sinceridad y declaraciones. Revelación de historias no contadas. Magia.
Y vuelta a Madrid con ese sentimiento de responsabilidad que se genera cuando uno ha decidido hacer las cosas bien.

20081109

Mallorca... por no parar

Escribo este post casi de vuelta a Madrid desde Mallorca, donde he estado desde el miércoles, trabajando, pero sobre todo descansando y relajándome después del subidón de Sevilla.

También he estado echando de menos a Jose y deseando que Tom se sintiera mejor.

Muchas gracias, Jordi, por la acogida y por presentarme a tu familia mallorquina, que es estupenda. Nos veremos esta semana en Madrid, imagino. Ahora entiendo a Valentín y a Pepa cuando me hablan de la isla y de cómo se pasa.

Un besito fuerte también a Gene, y su complejo de ocio Aries en el que he podido descansar y probar el arroz brú, las sopas mallorquinas y los nuevos y flamantes toldos de su terraza que la hacen, si cabe, más acogedora.

Vuelta a Madrid -de noche, como siempre- donde me espera Nora y la normalidad, hasta el jueves, en que una nueva tormenta me sacudirá por los cuatro costados, quitándome la respiración en una dramática aventura de pasión y fuego ;-)

20081104

Sevilla... por no parar [3]

Tercer viaje de lo que ahora sé que será una larga serie. Toda la tensión y todas las ilusiones. Tributo cobrado y guiño nervioso. Compartir felicidad es multiplicarla...

20081031

Barcelona... por no parar [4]

Sin saber bien qué decir ni qué decirme... Ahí hemos estado. Con la sensación de falta de tiempo y de manos para expresarnos. Con Pedralbes rendido, que nos regaló un gato aplastado de lluvia. Con la urgencia y el miedo a quedarme solo a cada paso. Con el deseo de demorarlo todo infinitamente por no perderlo. Con sorpresa. Con ese sabor dulce que queda después. Con la sonrisa escondida detrás del cigarrillo. Con toda la admiración de la que soy capaz. Con todo el respeto.

20081027

Sevilla... por no parar [2]

Segundo viaje a Sevilla de lo que probablemente será una larga lista... con ilusiones y ganas. Incertidumbre y unos pocos nervios. Sin más reseñas.

Granada... por no parar

Nunca había hecho esto. Hazme una foto para mandarla... quizá me esté aceptando a mí mismo. Quizá esté realmente en segundo plano. Quizá me esté pasando algo extraño. Bueno, eso sí. Lo cierto es que he pasado un fin de semana estupendo con mi amigo Dave, y colgado al teléfono como hacía tiempo.
Fin de semana para compartir muchas cosas, para comer -granada y sus tapas-, para recordar y para disfrutar.
Gracias David.

20081023

Justo lo que yo quería...

De pronto, una angustia devastadora me paró en mitad del camino y me invadió de imprevistos. Con qué inconsciencia estaba viviendo ese momento. Con qué irresponsabilidad estaba derrochándolo. Ese momento efímero, que se consumía –que, de hecho, estaba a punto de terminar- a la velocidad con que arde el cabo de una vela seca y vieja, me producía una especie de cosquilleo en alguna parte de mi estómago. Por eso decidí vivirlo con toda su intensidad, y por eso escribí este post aquel día. En un intento de hacer consciente la sensación de no saber. De seguir inventando. Imaginando. De disfrutar de todo aquello que aún desconocía de él.
Sabía –además de las cosas evidentes, que no eran pocas- que su voz sonaba firme y que era nervioso; que por tanto, sus pupilas revolotearían detrás de sus gafas, tocándolo todo. Y lo sabía, simplemente porque había decidido saberlo. Y sabía, además de todo esto, que era de sonrisa fácil, y que, a veces se quedaba callado de pronto, mesando su flequillo. Clavado en un punto fijo. Imaginaba que era divertido e inquieto. Había llegado a decidir saber que bajo su mentón dormía una pequeña cicatriz desde los ocho años.
También quise saber a voluntad que le encantaba pasar horas en la cama los domingos, olvidándose de las otras estancias de la casa, y que sólo bebía cerveza además de agua.
Pero no sabía si tenía vello en las piernas, si fumaba o si toleraba que los demás hablaran de él a sus espaldas. Si removía el café en sentido contrario a las agujas del reloj o si su habitación estaba pintada de su color favorito.
Sabía que, desde hacía unos días, él fantaseaba sobre mí igual que yo sobre él. Que nos estábamos inventando una vida del otro. Y, finalmente, yo sabía que no sabía lo que sabía de forma certera. Seguramente pensaba –como me pasaba a mí- que yo era mejor de lo que era realmente. Los dos lo necesitábamos probablemente y, sobre todo, a los dos nos divertía aquella situación. De eso estábamos seguros. Desde el principio: “este tipo de situaciones conflictivas me parecen muy divertidas”. Queríamos tener un compromiso “Viva Topi” y poder escribirnos un mensaje de felices sueños cada noche.
Pero aún así, aunque la urgencia se instalaba entre nosotros, como un tic parpebral, yo no estaba dispuesto a prescindir del placer de demorar el momento de conocerle. De saber que estaba a punto de temblar frente a alguien a quien no había visto nunca; de quien no sabía que existía.
Imaginaba los últimos instantes antes de romper el hechizo. En el aeropuerto, en la estación de tren o en aquel café que estaba a punto de sugerirle cuando programaba con él el primer encuentro mientras escribía este post.
Deseaba que llegara el momento, pero no el último, sino el inmediatamente anterior. La última décima de segundo antes de verle. No para vivirlo, sino para congelarlo eternamente, y así saber que no tendríamos que conocernos nunca. Que podríamos ser desconocidos en el momento culminante de nuestras vidas. Como tocarnos desde ambos lados de un cristal.
Hacer de esos últimos instantes un bucle sin final, en el que la tensión fuera creciendo hasta el nivel máximo. Justo antes de abrir los ojos después de parpadear y encontrarle al otro lado. Dejar el final en suspenso de manera eterna. To be continued… para siempre.
Hasta entonces podría seguir imaginando que hablaba con un acusado acento catalán que le hacía más dulce, y que torcía el pie izquierdo un poco hacia adentro. Seguía teniendo licencia para retocar a mi antojo el bajo de sus pantalones si quedaba demasiado largo . Por eso, había decidido, antes de volver la última esquina, permanecer allí siglos estelares y edades ciegas, por prolongar la incertidumbre, como un orgasmo lento que no termina de llegar, pero por eso nunca acaba. Eterno. Acariciando con deseo lo que estaba a punto de haber sido lo que pudo ser, y no dejamos que sea para que no pierda su esencia.
Aguantándole el paso para no correr por el andén. Inclinando la cabeza hacia un lado al aparecer tras las puertas de la terminal, anunciando tu presencia en barajas. Dando un bote en el café al verme por uno de los ventanales que daban a la calle por la que yo llegaba.
Y después su sonrisa abierta de par en par para detenerlo todo. Para saber lo que los dos acabábamos de perder sin remedio y para siempre. Nuestras ausencias mutuas. Nuestras ilusiones y todas las mentiras que nos habíamos estado contando para llenar la falta de verdad. Todas las mentiras que aún nos hubieran quedado por decirnos de no haber sido porque con nuestro encuentro habíamos permitido que la realidad existiera.
Por eso decidí no verle nunca. Y enamorarme de él. Y pasarme el resto de la vida a su lado, tras un cristal invisible. Inventé una excusa, absurda que inmediatamente aceptó comprendiendo la verdadera razón. Seguir manejando nuestras respectivas mentiras y dejar que se hicieran verdad. Que se convirtieran en lo que siempre habíamos –había- deseado.
Y comprobé en ese mismo momento que aquel chico, finalmente, era exactamente como lo había imaginado. Justo lo que yo quería.

20081021

Sevilla... por no parar [1]

Primer viaje a Sevilla, de lo que será probablemente una larga serie. Sin más reseñas.

20081012

Irreflexiones [15] Mi tartera aliada

Cuando volví de Brasil, inmediatamente después de haber estado en Buenos Aires, decidí ponerme a dieta, para quitarme los 9 Kg. que me sobraban. Cuatro meses después, estaba en el peso deseado. Fea de delgada...
La plancha maravillosa fue una de mis aliadas, y el difusor de aceite también. Además eliminé los hidratos de carbono y cambié la carne por el pescado (quién me lo iba a decir a mí...). Nada de bebidas carbonatadas ni de azúcar. Una dura prueba superada con éxito.

Ahora me encuentro en esa eterna fase que podríamos denominar "dieta de mantenimiento". No estoy dispuesto a volver a los tiempos en los que no me podía poner mis camisetas favoritas.

Pues bien, aquí está mi nueva aliada: la tartera. Nada de comer en restaurantes a diario, como hacía antes. Esta fiambrera, de dimensiones minúsculas, contiene la cantidad justa de alimento que me ayudará a mantenerme. Además de un diseño estupendo, tiene dos compartimentos, uno un poco más hondo, para el segundo plato, y otro con menos fondo, para el primero. Además, incluye un separdor para este último, por si quiero llevar disintos alimentos en el mismo cacharro. Una delicia. Lo remata una cinta negra que hace que todo quede sujeto y no se desparrame por la cartera que llevo al trabajo. Y para colmo, me cabe un cracker bajo la tapa transparente que lo compacta todo. Definitivamente, esta solución de Muji, me ayudará a seguir siendo feliz.

Aquí tenéis unas fotos con la comida de mañana: champiñón salteado y mi famosa ensalada tandori de garbanzos. Buen provecho.

20081010

Obras [27] carillas 16-17, 26-27

Vigésimo tercera sesión. 50 minutos. sin anestesia. No me fío mucho de este sistema de carillas que se ha inventado mi manager, pero lo acepto. No tardamos nada y el resultado es bastante resultón, pero dudo de su eficacia a medio plazo. Veremos. Por fin le doy el regalo a R. Tardan mucho en bajarme al gabinete -la consulta estaba hasta arriba-. Viene a buscarme él mismo, y me dice "hoy te bajo yo". La Dra. B. se disculpa por la tardanza, diciendo que la culpa ha sido de R. (seguro que le ha contado que he tenido con él un detalle) y él me dice para disculpar la espera "no te preocupes, ya te compensaré" ;-)

Dolor: *
Tiempo: **
Resultado: **
Sacrificio: *
Espera: **
Desesperación: *
Deseo de suicidio: *
Tiempo acumulado: 1790 minutos.

20081006

Barcelona [III]... por no parar

Tercera vez en tres semanas que vuelvo a Barna. Deprisa y Corriendo. A Alva Velocidad. Como las locas. Y vuelta patrás otra vez. Un día genial, con solete y café del bueno. Termino pronto lo que tenía que hacer en Avinguda Diagonal, y metro hasta la estación para ganar tiempo y estar cuanto antes en Madrid. No se me da mal Barna. Sin parar. Por no parar...